Reflexiones sobre la sublimación
(a partir de un fragmento de análisis)
Graziella
BARAVALLE
El filósofo de la ciencia Paul Feyerabend, quien durante su vida osciló
entre actividades regidas por la pulsión de saber y la pulsión
invocante, ya que se dedicaba al canto, propone, en sus libros Adiós
a la razón y Contra el método, así como en su autobiografía
Matar el tiempo, una perspectiva acerca de la ciencia mucho más
cercana al psicoanálisis que la de Popper y sus seguidores. En su
polémica contra la idealización de las ciencias exactas, Feyerabend
se opone a la “autoridad moral” del neopositivismo y de la tecnociencia,
y reconoce la importancia de la subjetividad y del deseo, oponiéndose
al discurso del amo que llega a sugerir la corrección de la colonización
para aportar la luz del razonamiento. Acentúa que en la tarea de los
científicos, en un momento dado se trata de poiesis, de creación,
saltos semejantes a los que se producen en el proceso artístico.
Afirma que las ciencias como opuestas a las humanidades sólo existen
en las cabezas de los filósofos y muestra también cómo
a veces los científicos modifican los experimentos para hacerlos coincidir
con sus hipótesis. Este autor es sólo uno entre la serie
de científicos de post-guerra que después de las catástrofes
producidas por los descubrimientos atómicos, se interrogan las consecuencias
de su actividad.
La puesta en duda de la cientificidad del psicoanálisis
es en gran parte una cuestión de ideología y depende, aparte
de las resistencias al psicoanálisis, de la definición que
se acepte de la ciencia.
Freud siempre insistió en la cientificidad del psicoanálisis,
aunque reconoció que sus casos tenían más bien
la forma de relatos o cuentos, y en sus Nuevas lecciones introductorias al
psicoanálisis consideraba “pomposo” aspirar a una Weltanschauung científica.
Ferenczi, señala que, ante “disolución progresiva de la ciencia”
que el analista puede experimentar durante la cura, los analistas tienden
a acentuar la ecuación personal, o sea “el estilo del analista”, lo
cual no le impedía considerar al psicoanálisis como “la ciencia
de las ciencias”, lo que le valió la acusación de sostener
un “imperialismo del psicoanálisis”.
J. Lacan en el mismo camino que Freud, intentó matematizar el psicoanálisis
aunque en su testamento psicoanalítico, el seminario de L’insu...,
afirmó que si bien el psicoanálisis desea y debe desear ser
una ciencia, nunca llegará a serlo, acentuando la paradoja de los
elementos poiéticos de su praxis, pero sin aclarar su definición
de ciencia.
En mi opinión para las mentes formadas en el neopositivismo, es difícil
ver la cientificidad del psicoanálisis. Los mismos psicoanalistas
tenemos dificultades para ello. Sin embargo se trata de la ciencia de la
causa de las demás ciencias, y probablemente de una ciencia tan particular
que necesite otro concepto para ser definida.
Estas escuetas reflexiones me permiten introducir , a través de
fragmentos del análisis de un joven pintor, cuyas características
como artista lo hacen tan diferente de otros analizantes, una cuestión
que reúne las ciencias y el psicoanálisis, la cuestión
de la sublimación. Me referiré a dos pulsiones, la pulsión
escópica, y su derivado complejo la pulsión de saber (Wissentrieb),
que Freud considera como pulsión compuesta por el placer de la pulsión
de mirar, sumado a la energía de la actividad de dominio. El niño
es atraído, siente curiosidad por los enigmas del Edipo a una edad
sorprendentemente temprana.
En el texto sobre Leonardo, Freud se refiere especialmente a los destinos
del Wissentrieb.
En el caso de este analizante , la pulsión de saber, motor de la curiosidad
científica, en ciertos momentos de la infancia es reprimida
dando lugar a un síntoma, y el placer de mirar se desgaja y se concentra
en los dibujos y en la pintura, creando algo (imágenes y formas) para
ser mirado. Esto se modifica relativamente durante la latencia, para finalmente
quedar el sujeto constituido con un gran predominio en su metabolismo pulsional
de la sublimación de la pulsión escópica y consiguientemente
su dedicación a la pintura. Su pulsión de saber volverá
a activarse en el trabajo de análisis.
En las reflexiones sobre esta cura, basada en la presentación de dos
series, lo referido a la represión y lo referido a la sublimación,
mostraré cómo los síntomas tienen relación con
la represión de la pulsión de saber y aparecen como sonambulismo,
dislexia, zurdera y pesadillas, y cómo el levantamiento de la
represión hace ceder las pesadillas y reorganiza su subjetividad,
desapareciendo los fenómenos de lo que el analizante llamaba la “dislexia”.
Al levantarse ciertas inhibiciones se produce también una asombrosa
modificación de la forma de su cuerpo, que pueden atribuirse a su
dedicación al deporte, pero que pueden pensarse como una consecuencia
de la aceptación de la diferencia sexual.
La sublimación sigue siendo su característica principal, pero
ya no funciona en la cura como resistencia a la palabra, y su intrincación
con la represión permite al sujeto enfrentarse a sus elecciones, así
como a la diferencia sexual que impregna desde entonces su obra, que también
se ve favorecida por el renacimiento de la pulsión de saber en la
investigación de temas y de técnicas para sus cuadros.
El concepto de sublimación (Sublimierung) en la obra de Freud va variando
y determinándose progresivamente. Desde su mención en las cartas
a Fliess, en las que, al referirse a la histeria, considera al fantasma como
“la sublimación de un recuerdo”, hasta las precisiones de los textos
posteriores, principalmente Tres ensayos de teoría sexual, Pulsiones
y sus destinos, El yo y el ello, etc.
Hay dos aspectos fundamentales en la teoría freudiana de la sublimación
(y que se relacionan con su teoría de la libido)
- la sublimación es una defensa contra los excesos de la pulsión
- la sublimación es un destino de la pulsión, basada en la
capacidad de desplazamiento de los fines, es decir orientada hacia fines
no sexualizados.
Al mismo tiempo, se puede considerar la sublimación en el sentido
del metabolismo pulsional individual, o en un sentido amplio, considerada
como un motor para el progreso de las sociedades humanas. Tal vez ha sido
este sentido ampliado el que ha inducido a algunos psicoanalistas a idealizar
la sublimación, y a perder de vista la diferencia entre este proceso
particular de defensa contra la castración, y su resultado , las obras
que pueden ser apreciadas por la sociedad.
Tanto en el sentido individual como social, la sublimación es el proceso
por el que se cambia la satisfacción sexual de la pulsión,
por una satisfacción de fin desexualizado.
Sobre esta defensa peculiar ante el quantum de energía pulsional que
había sido rechazado del Lust-Ich para constituir el Real-Ich, en
relación con la pulsión de saber, Freud escribe en El yo y
el ello:
“en tanto esta energía desplazable es libido desexualizada, también
se la puede describir como energía sublimada, pues todavía
conserva el propósito principal del Eros. el de unir y atar, en tanto
tiende a establecer esa unidad o tendencia a la unidad que es característica
del Ego. Y puesto que los procesos intelectuales en el sentido amplio deben
ser clasificados entre estos desplazamientos, entonces la energía
para el trabajo del pensamiento mismo habrá sido aportada por fuentes
eróticas sublimadas” (1) (traducción y subrayado míos)
Mi planteo es que lo que este analizante denomina su “desfase” o “desajuste”,
es la aparición de la grieta por donde lo amenaza lo real de la pulsión
(2), y que el objeto creado debe rodear. Esta es la característica
del sujeto en el que predomina la sublimación. (Se dice que los artistas
y los científicos son raros, distintos). Y el intento de defenderse
de ese real, debe renovarse siempre, ya que lo necesario no es encontrar
el objeto adecuado, sino crear un objeto nuevo cada vez, con lo cual lo importante
es el proceso mismo (3): die Sublimierung.
(La continuación de este texto referida al caso, puede solicitarse
a Graziella Baravalle, pero no se colgará en la Web)
NOTAS
(1) Sigmund FREUD, Das Ich und das Es. “Wenn diese Verschiebungsenergie desexualisierte
Libido ist, so darf sie auch sublimiert heissen, denn sie würde noch
immer an der Haupabsicht des Eros, zu vereinnnniigen und zu binden, festhalten,
indem sie zur Herstellung jener Einheitlichfeit dienst, durch die –oder durch
das Streben hach welcher- das Ich sich auszeichnet. Schliessen wir die Denkvorgänge
im weiterenSDinne unter diese Verschieb ungen ein, so wird eben auch die
Denkarbeit durch Sublimierung erotischer Triebkraft bestritten.” Werkaufgabe
in zwei Bände. S. Fischer Verlag.
(2) G. POMMIER, Qu’est-ce que le “réel”?, Point Hors Ligne, Erès,
2004.
(3) Michel SILVESTRE, Demain la psychanalyse, Navarin, 1987.