2.1 (O)
CEVEDIO, Laura : Algunas
jóvenes homosexuales y su deseo de hijo
El discurso
social actual fundamentado en los “Derechos Universales del Hombre” es la fuente
jurídica por la que se modifica el Código Civil en materia de derecho a contraer
matrimonio entre las personas del mismo sexo. Los códigos de los últimos siglos,
reflejaron la mentalidad dominante, no precisaban prohibir, ni siquiera
referirse al matrimonio entre personas del mismo sexo, pues la relación entre
ellas en forma alguna se consideraba que pudiera dar lugar a una relación
jurídica matrimonial.
La legislación
española, dice “que el legislador no puede ignorar que la sociedad evoluciona en
el modo de conformarse y por eso debe reconocer los diversos modelos de
convivencia, y que por ello, puede, incluso debe, actuar en consecuencia, y
evitar toda quiebra entre el Derecho y los valores de la sociedad cuya relación
ha de regular. En este sentido, no cabe duda de que la realidad social de
nuestro tiempo deviene mucho más rica, plural y dinámica. La convivencia como
pareja entre personas del mismo sexo basadas en el afecto ha sido objeto de
reconocimiento y aceptación social creciente y ha superado arraigados prejuicios
y estigmatizaciones. De esta manera, el legislador cree dar satisfacción a la
denuncia creciente de sujetos homosexuales que se sentían marginados por la
sociedad, demandando así la equiparación de sus derechos sin tener en cuenta su
orientación sexual. Por eso reclaman un marco legal que garantice obligaciones y
derechos al formalizar su relación de pareja lo que atañe sin ninguna duda el
derecho a la maternidad o paternidad,” ya sea por la adopción, en el caso del
hombre y a la adopción pero sobre todo a la utilización de las técnicas de
reproducción asistidas para las mujeres.
Correlativo al
desarrollo jurídico la biotecnología ha producido un cambio sustancial en las
relaciones entre los sexos. La ley española atribuye la misma eficacia jurídica
que al matrimonio tradicional a los matrimonios del mismo sexo, que utilizan las
técnicas de reproducción asistida, demandando los mismos consentimientos si bien
restringido solo a las parejas formadas por mujeres, que son las que pueden
utilizar la reproducción asistida heteróloga en cualquiera de ellas siempre que
su consorte preste el consentimiento a la misma, y de esa forma asumen la
filiación del nacido.
Si bien la
maternidad es determinada por el hecho del parto, sobreviene otro reconocimiento
de maternidad para la otra mujer reconociéndose así la posibilidad de determinar
la filiación co-materna a través del matrimonio de ambas mujeres, una de ellas
madre biológica, y el reconocimiento por parte de la otra del hijo concebido por
su pareja mediante la utilización de las técnicas de reproducción asistida. Lo
importante, a partir de esta ley no va ser ya quién señala la naturaleza de
quien es el padre o la madre del hijo, sino a quién le va a atribuir el Derecho
la condición de madre.
El movimiento
feminista, desde el siglo pasado, se ha caracterizado por las distintas
reivindicaciones que separan la sexualidad de la procreación, lo que facilita la
disposición al propio cuerpo, pero curiosamente las demandas actuales de estos
grupos están dirigidas a propiciar el reconocimiento de la maternidad biológica
y sus cuidados y a disociar la maternidad del esquema tradicional
patriarcal.
La ciencia a
través de la industria farmacéutica ofreció la anticoncepción, incluido el
aborto terapéutico, y desde hace pocos años, debido al aumento de la esterilidad
y al cambio en las relaciones sexuales, posibilita una nueva forma de concepción
a través de la fecundación asistida, donde ya la elección de objeto no es impedimento para la maternidad.
Procreación ya no como acto de mujer
deseante y deseada sino por tener un cuerpo femenino. Técnicas que permiten
tener hijos al margen del sexo, hijo, antes solo somatizado, fantaseado, ahora
legalmente posible.
Se someten al
goce del otro para tener un hijo sin tener que pasar por el deseo sexual del
hombre, demanda que realiza al Otro de la ciencia articulándola con un deseo reprimido,
complejo, donde el contexto que desencadena el embarazo precipita deseos
desconocidos para la mujer, de ellos dependerá la acogida subjetiva del embrión
en el útero. El médico al ocupar ese lugar cierra el interrogante sobre su
deseo, que ya no permanecerá vedado y a la vez podrá gozar de ser objeto
principal para el deseo omnipotente de la ciencia.
Lacan al
alejarse del modelo anatómico de la castración sitúa la cuestión en la marca de
lo simbólico ya que el falo representa la falta en los dos sexos. Menciona
cuatro posiciones, dos del lado del hombre y dos del lado de la mujer para determinar la posición sexual de los
sujetos, con independencia del sexo biológico. La manera de relacionarse con una
función única, la función fálica, es decir la posición de cada uno en relación
al falo, todo o no todo en el goce fálico será lo que fije a los sujetos como
hombre o mujer
¿Una pareja
biológicamente femenina pero ubicada en distinta posición frente al falo puede
introducir el Nombre del Padre?. De
sobra sabemos que hay padres biológicos que no perturban ese dúo ya que no
cuentan para la madre por lo menos no más que lo que ellas cuenta para ellos.
Lacan dice a propósito de “Juanito” que
fue una hija de dos madres.
La función
paterna tiene valor estructural si es investida como instancia simbólica de la
castración y de la ley sin tener que ser necesariamente un padre en la realidad.
Algunas parejas homosexuales femeninas la función de tercero simbólico suelen “
saber donde ir a buscarla” aparecen entre sus relaciones sociales donde hombres
“sexualmente inofensivos” con algún rasgo paterno apadrinan a sus hijos, figuras necesarias
para el real de la sexuación de todo recién nacido. “Derecho al hijo” dicen
ellas, hijos de dos madre que en un solo movimiento demuestran que se puede amar
y desear a alguien por lo que no tiene, y que el órgano masculino no es
indispensable para el amor, la función
fálica a través de la maternidad.
Las estructuras
psíquicas modelan diferentes formas de homosexualidad, según la angustia de
castración, serán activas o pasivas, por eso las homosexuales femeninas,
distanciándose de aquellos que intentan homogenizar su goce, muestran una
notable diferencia entre ellas, algunas se
interesan por el placer sexual obtenido de forma circunstancial o estable
pero hay otras que al placer sexual añaden el deseo de formar una familia ”
echar raíces,” “trasmitir lo que han recibido,(siempre recordaremos al abuelo y
a la abuela que vivieron juntos, dice Lacan), intentando contrarrestar las
dolorosas fragmentaciones que se producen en sus lazos sociales por su elección
sexual. Vuelven a unirse a sus familias reivindicando el amor en la pareja y
sobre todo en la maternidad, antes solo por adopción y a partir de la nueva
situación, la fecundación asistida se convierte en su aliada para la maternidad
biológica.
Hay otras
mujeres que después de una profunda decepción en sus relaciones heterosexuales,
forman junto a sus hijos una nueva estructura familiar, pero esta vez en una
relación homosexual, y los nuevos hijos están tan amparados por la ley como los
de la anterior unión.
Pero para que
este deseo sea posible en algún momento
han debido desarrollar una fijación muy intensa al padre, (la joven homosexual)
por eso en lo simbólico y ahora no en el imaginario se satisfacen con ese hijo,
como hijo donado por el padre. Si eso la sostiene con una pareja femenina es por
que ya estaba instituida la presencia paterna, el padre fundamental que será
para ella cualquier clase de hombre que le de un hijo, padre que permanece
inconsciente como progenitor de ese niño. Identificándose con un padre
imaginario se anudan una a la otra, y centrando el amor no en el objeto sino en
lo que no tienen, se sitúan en la relación con el don, intercambió de nada por
nada.
Una pareja de
mujeres en sus fantasmas inconscientes pueden atribuir a la otra el sexo
opuesto, cada una tratara a la otra como lo que a ella le gustaría ser,
posibilitando así la diferencia sexual, femenino / masculino puede estar entre
ellas.
La
histérica aborda el objeto homosexual
identificándose con alguien del otro sexo. No renuncia al falo paterno
considerado como objeto de don, pero se niega a recibirlo de otros, es decir de
otros hombres, y es desde allí donde articula su deseo de hijo con una mujer, se
somete al goce del otro para tener un hijo sin tener que pasar por el deseo
sexual del hombre. Al ofrecer su cuerpo al saber médico aúna su deseo con el
deseo de éxito de este por eso, el momento de la colocación del embrión es
vivido como acto sagrado.
¿Quién
actualizó la promesa inconsciente en ese embarazo, el ginecólogo con quién
balbuceo su querer, el especialista en reproducción asistida que coloca el
embrión, el donante anónimo?. Todos y ninguno obturan la interrogación sobre su sexualidad pero para
todos los fines es declarada madre.
Los síntomas se
articulan como goce no conforme a lo prescripto por el discurso gobernante ya
que este trata de civilizarlo de
colonizar sus espacios con nuevos semblantes. Lacan cuando todavía no se
preveían estas leyes dijo que en realidad “lo que se busca y más que en
cualquier otro en el testimonio jurídico es con que poder juzgar lo tocante al
goce, la meta es que el goce se confiese, precisamente por lo que
puede tener de inconfesable.”
Se intenta,
desde estas leyes, una homogenización de los modos de vida que son modos de
goce, apoyándose en las reivindicaciones particulares, sin tener en cuenta
que no hay directrices que definan el buen
gozar.
Al estar la
mujer no todas en el goce fálico permitió a Freud decir que en la mujer hay algo
de rebelde a los ideales de la comunidad, será por eso que algunas, son objetos
fáciles para los amos que impulsan los continuos movimientos de la ciencia.
Siempre en la vanguardia, ofrecen su cuerpo para la producción de nuevos
semblantes. Es otra de las maneras que la histeria tiene de denunciar la
imposibilidad de la relación sexual
fingiendo que son ellas las que la obstaculizan.
La medicina de
la procreación activa el fantasma sexual infantil “madres vírgenes” fecundadas
sin pecado, pero lo cierto es que hace más de 2000 años que se repite la frase
de la virgen María respondiendo al ángel de la Anunciación “Hágase en mí según
tu palabra” aceptando el milagro de la fecundación en una gestación sin pecado
concebida.
Cuando Freud
comenta el cuadro de Leonardo sobre Santa Ana, dice que le ha dado dos madres al
niño, una que extiende su brazo hacia él y otra en el trasfondo, ambas dotadas
de la bienaventurada sonrisa de la dicha maternal.
Nuevamente el
Psicoanálisis, soslayando las modas, las defensas a ultranzas de nuevas o viejas estructuras
podrá escuchar el deseo inconsciente que
anida en cada una de esas madres.