1.1 (T) DECANT, Françoise : Una elección de objeto especial en F. Kafka : la relación con Felice

«No soy capaz de vivir sin ella y no seré capaz de vivir con ella».

F. Kafka. Diario (1) del  14 de febrero de 1914

Las Cartas a Felice (2) fueron para mí todo un hallazgo que hice hace tres años, con motivo de un Coloquio en Praga sobre F. Kafka. Estas cartas resultan conmovedoras, si uno se deja llevar por la magia de la correspondencia. En ellas, el Kafka que aparece, siguiendo el hilo de las cartas, es todo fuego, todo ardor, un enamorado perdido, que sucumbe a una pasión devoradora que le obliga a escribir cada día a su amada y que le exige a cambio un correo diario.

Nada más banal, me dirán ustedes ¿Qué relación puede tener esto con la gravedad de los Tres ensayos para una teoría de la sexualidad (3) de Freud? Sin embargo, pensé que estas cartas podrían interesarnos en un punto preciso. Este punto se refiere a la elección de objeto y, para empezar, les remito a esta breve frase de Freud en los Tres ensayos, a propósito de la pulsión: que ya contiene su objeto en la vida sexual normal. Freud añade entonces que el estudio de las aberraciones sexuales nos obliga a menudo a disociar la pulsión y el objeto. Más lejos, todavía en los Tres ensayos, Freud retoma la cuestión del objeto, o más bien de la elección de objeto, evocando a su vez, los dos tiempos de la constitución de esta elección -la infancia y la adolescencia, con el periodo de latencia entre los dos- y la aparición de dos corrientes: la corriente tierna y la corriente sensual que podrán confluir sobre el mismo objeto o separarse e investir objetos diferentes.

Pero, estas precisiones a propósito de la elección de objeto y su complejidad fueron añadidas diez años después de la primera edición de los Tres ensayos, es decir en 1915. Entre 1905 y 1915, Freud no descansó. Resulta que escribió en 1910 “Sobre un tipo especial de elección de objeto en el hombre”(4) y en 1912 “Sobre una degradación general de la vida erótica”(5). Ya no se trata  de sexualidad “anormal”, o de aberraciones sexuales, sino de la complejidad del deseo humano y de la división entre el amor y el deseo. Algunos hombres, nota Freud al escuchar a sus pacientes, al llegar a la pubertad se dividen: “Cuando desean no quieren, y cuando quieren, no desean.”

La atracción sexual de algunos hombres por mujeres de poco valor le llevará a hablar del amor por la prostituta (corriente sensual) que opondrá al amor por la madre (corriente tierna), probando de esta manera la persistencia, en estos hombres, de la fijación en la madre.

Por supuesto es alrededor de la madre, primer objeto de amor, objeto idealizado, al que el sujeto no puede renunciar, que Freud va a articular la explicación de esta división amorosa. Pero es interesante constatar que es en este texto de 1910 “Sobre un tipo especial de elección…” en el que, por primera vez, va introducir el término de Edipo y su concepto, tal como lo entenderá el psicoanálisis.

La partida se juega también con el padre, podemos decir, un padre que está ahí, no sólo para prohibir el acceso a la madre, sino cuyo papel es central en el desfile de las diferentes operaciones de la castración que el sujeto debe efectuar.

A partir de ahí, se puede decir que en la elección de objeto interviene también la cuestión paterna, eso que Freud llamó el “complejo paterno” evocando ahí, con respecto al padre también dos corrientes: la corriente tierna y la corriente hostil.

Lo que pretendo es mostrar que si, en ciertos momentos, la mujer elegida, la mujer amada, puede ocupar el lugar de la madre –y así pues estar prohibida sexualmente- puede también, sin que lo sepa, ser el escenario de la partida que se juega con el padre.

Si, como lo expresó Gérard Pommier recientemente, la bisexualidad debe entenderse como la manera en que el niño masculino o femenino va a manejar el fantasma de seducción durante el encuentro traumatizante con el amor del padre (por el padre) –padre llamado para salvarlo del excesivo amor materno-, es bien con la cuestión de la feminización, tanto del hijo como de la hija, con lo que tenemos que vérnoslas, y con la aceptación (pasiva) o el rechazo (activo) de este lugar. Que un hombre, feminizado por este amor por el padre, intente liberarse de la feminización, tomando una mujer (casándose), es una vía bastante clásica. ¿Qué lugar va a ocupar esta mujer para este hombre? No hay una respuesta única, allí donde cada uno se ve llevado a inventar para arreglárselas con el horror engendrado por la castración materna y el terror de estar puesto en posición de objeto de amor del padre.

Vamos a hablar de la invención de Kafka, de la manera como él pudo establecer una instancia tercera, gracias a Felice, a la escritura de cartas y a la escritura simple y llanamente, pero también de las dificultades que tuvo que afrontar ante este “objeto”.

 

El temor del padre

Todo aquel interesado en Kafka ha oído hablar del terrible temor que el padre de Kafka inspiraba a su hijo. Se han escrito muchas cosas sobre este padre autoritario, violento, irascible, responsable de los sufrimientos psíquicos de su hijo, por no decir de su enfermedad.

Entonces, pregunto: ¿Por qué Kafka se quedó en casa de sus padres tanto tiempo, en una promiscuidad tan grande que podía oír a su padre cuando se movía en su cama, del otro lado de la pared (Carta del 29-12-1912), cuando ya trabajaba y se ganaba la vida? Los problemas de vivienda en Praga en este ėpoca no me parecen explicar enteramente la cuestión.

Es del amor de Kafka por su padre de lo que quiero hablar, un amor fuerte y violento que se puede descubrir entre líneas en su famosa « Carta al padre » (6), de la que muy a menudo, sólo se destaca el odio.

¿Acaso Kafka no confesó en una de sus cartas a Felice (24-8-1913): «Mi admiración por su persona es mucho más grande que el miedo que me inspira. » añadiendo que este padre terrible puede ser tierno, tan tierno “que uno se queda completamente desamparado en su presencia”.

 

El encuentro con Felice

Kafka tiene casi treinta años cuando encuentra a Felice Bauer en Praga en casa de unos amigos comunes, la familia Brod, el 14 de agosto de 1912.

Felice vive en Berlín, y la distancia entre Praga y Berlín desempeñó su papel en la elección de Kafka, quien pudo de este modo mantener alejada a la elegida de su corazón.

Ir o no ir a Berlín : Las cartas hablan de eternas moratorias al respecto. Esta misma ambivalencia la encontraremos en «Las cartas a Milena» (7), sólo la ciudad cambiará, en este caso es Viena: ir o no ir a Viena.

La relación entre Franz y Felice, esencialmente epistolar, duró cinco años, durante los cuales sólo se encontraron una decena de veces, y poco tiempo cada vez, excepto una estancia de unos diez días en Marienbad en 1916.

Todo aquel que conoce la vida de Kafka, sabe el efecto que Felice produjo en Kafka durante este encuentro. Es difícil hablar ¡de un flechazo! En su Diario del 20 de Agosto de 1912, escribe que Felice estaba sentada en la mesa pero que la tomó por una criada (8) Insiste «Estaba vestida como una doméstica...» A propósito de su cara, la describe así : «Es huesuda e insignificante»

Sin embargo, Kafka va a empezar a escribir a Felice un mes después, y de una manera cada vez más sostenida posteriormente, pasando en Noviembre del « Señorita » al tuteo y bruscamente al «Querida mía», aunque sólo se habían visto durante algunas horas durante la noche de su encuentro.

Las cartas a Felice que sólo fueron publicadas en 1967, después de la muerte de esta última, que ocurrió en 1960, representan un volumen total de 800 páginas, repartidas en dos tomos.

En el trabajo que hice para Praga, y que había titulado «Las cartas a Felice : ¿un síntoma ? » traté de mostrar hasta qué punto la constitución de este síntoma –el intercambio epistolar con Felice- permitió a Kafka escribir y vivir.


¿Crees que no te he amado?

Y, en efecto, fue durante la noche del 22 al 23 de septiembre, dos días después de la primera carta a Felice cuando escribe, de una sola tirada –él que sufría de inhibiciones para escribir- una novela, El Veredicto (9) que dedica a Felice diciendo : «Esto es tu pequeña historia», dirigiendo un guiño a Freud.

Ahora bien ¿De qué se trata en esta historia? (que no deben confundir con El Proceso)

Un viejo padre y su hijo viven juntos después de la muerte de la madre, inician una conversación acerca del noviazgo del hijo que acaba de anunciar la noticia a un hipotético amigo exiliado en Rusia.

El hijo es muy solícito con su viejo padre, le ayuda a desvestirse, le propone que se acueste en la habitación del hijo, que es más clara y le mete en la cama.

Después, asistimos a un lance imprevisto : El padre se pone de pie en la cama tratando a su hijo de «pequeño golfo», y le hace muy simplemente una escena de celos, reprochándole que se encierre en su habitación para escribir cartas (!), y de haber querido ensuciar la memoria de su madre al querer casarse con «un ganso repugnante que se levantó la falda.»

Entonces, le hace a su hijo  la declaración siguiente: «¿Crees que no te he querido, yo de quien desciendes?»

El hijo tiene miedo de que su padre se caiga y se haga daño : «La palabra silbó como una serpiente en su cabeza»

El padre protesta diciendo que sigue siendo el más fuerte (su mujer le había dado su fuerza) y le amenaza : «¡Intenta solamente engancharte a tu novia y acercarte a mi! ¡Verás como sabré barrerla lejos de ti!»

Después, tratándole de “ser diabólico”, le condena a ahogarse.

Antes de saltar la valla de protección, y de echarse al río, el hijo tuvo tiempo de llevar en sus oídos el ruido de la caída del padre que se había hundido en la cama.

Sus últimas palabras fueron : «Sin embargo, queridos padres, siempre les he amado»

Gracias a Felice, Kafka pudo poner en escena el trauma de la entrevista padre-hijo, en esta ficción que se acaba con un suicidio.

Si el padre está celoso del cariño que su hijo le tiene a su novia -que aparece bajo los rasgos de una ramera-, la confesión de su amor por su hijo supuesto sustituto de la madre, pone el hijo en posición de objeto de amor del padre y le feminiza.

Para salir de este posición, el hijo habría podido, por ejemplo, tirar adelante el combate con el padre de manera activa, llevándolo al terreno de la rivalidad.(10)  Pero hubiera sido necesario reconocer la existencia de lo que Freud llamaba la corriente hostil mezclada con la corriente tierna, mientras que el texto nos dice que los deseos de muerte del hijo sólo silbaron en su cabeza, y no permitieron la simbolización del asesinato que permite el paso del padre primitivo, violador (el gigante) al padre muerto como tal.

Al contrario, reprimido, el deseo de muerte dirigido al padre condena al hijo al suicidio. Pero gracias a Felice, quien ayuda a Kafka a afrontar esta cuestión (a su manera, la de él), estando a su lado, en sus pensamientos, a fin de poder alcanzar eso que él llama los bajos fondos de la literatura, sin dejarse el pellejo, no es él, Kafka, quien se suicida sino Georges, el personaje de su ficción.

Pero, Kafka no va a detenerse aquí. Escribirá un mes después La Metamorfosis, una historia terrorífica que le gustaría leer a Felice en voz alta mientras le coge la mano y añade «Escribiendo esto, me sorprendí mirando hacia  arriba como si tú estuvieras allá »

¿No estaría puesta Felice en el lugar de un padre espiritual bastante inofensivo permitiéndole afrontar al padre primitivo en toda su violencia?

Un padre que permanece vivo (Kafka se asegura de ello, pidiendo una carta todos los días) a pesar de la violencia de los deseos de muerte dirigidos al padre. Deseos de muerte que obsesionan a Kafka regularmente y cuya represión provoca pensamientos suicidas que confía en su Diario. De esto Felice también tiene que protegerlo, de este deseo incestuoso (del goce de la madre) y de la aspiración a identificarse al falo imaginario en respuesta a la demanda (solicitud) materna.

He aquí en qué términos Kafka expresa precisamente este fuerte deseo de desaparecer, que confía en su Diario el día 4 de diciembre de 1913:


“Morir no significaría otra cosa que abandonar nada a la nada, lo que sería inconcebible, pues ¿cómo podría uno, aunque fuese en calidad de nada, entregarse en toda consciencia a la nada, y no sólo a una nada vacía, sino a una nada burbujeante cuya nulidad consiste únicamente en que es incomprensible.”

Si Felice hace de barrera a los deseos incestuosos de Franz, le explica que ella le ofrece igualmente un lugar donde depositar lo que llama «cosas repugnantes» que «salen del mismo corazón que aquel donde tu vives y que toleras como habitación.», y añade : « No te pongas triste, porque, quien sabe, cuanto más  escribo y más me libero, más puro y quizás más digno de ti serė.»

 

El ideal

Si la escritura le libera de los pensamientos repugnantes que agitan su mente, se puede ver también en qué lugar está puesta Felice : En el lugar de un ideal inalcanzable, de un imposible que las cartas y la distancia mantienen. Un día en que había proyectado ir a Berlín para encontrarse con Felice durante las vacaciones de Navidad, se vuelve para atrás y al renunciar, escribe : « Un esfuerzo tan inútil para obtener algo imposible, es decir tu presencia…»

En cuanto al ideal de pureza, podemos encontrarlo en una carta fechada en octubre de 1916, en la cual Kafka habla de su hermana Ottla por quién tenía un real afecto, como se sabe. «Ottla se me aparece en ciertos momentos como la madre que quería de lejos : pura, verdadera , honesta, consecuente, humilde y orgullosa,  receptiva y en cuanto a sí,dedicación e independencia, pudor y valentía, todo esto en un equilibrio infalible » ¡Sólo esto!

No nos sorprenderá enterarnos de que la descripción de esta madre idealizada, incastrable viene a continuación, en la misma carta, del asco que Kafka manifesta vivamente al ver la cama de sus padres, a la vista de las sábanas que utilizaron, y de las camisas de noche cuidadosamente desplegadas : Añade : «Todo esto puede exasperarme hasta la náusea, hacer que me revuelva en el interior de mi cuerpo»

Freud, ¿acaso no dice en su texto «Sobre un tipo especial de elección de objeto en el hombre» : «que después de todo, la diferencia entre la madre y la puta no es tan grande como pensamos porque, finalmente, hacen lo mismo.»

 

Una pequeña abominación

A propósito de esa «cosa», Kafka dirá algunas palabras mucho más tarde en una carta a Milena, evocando su encuentro con una dependienta [empleada], cuando tenía veinte años. En el hotel, esta chica le hizo muy inocentemente “una pequeña abominación”, y le dice “una pequeña porquería”. «Yo sabía desde el  principio, que el recuerdo de esto, no se borraría nunca. Lo había sabido o creído saber que este horror y esta porquería formaban parte integrante del todo.» y añade : «Como se desarrolló esta vez, siguió siendo siempre así después. Mi cuerpo que se callaba a menudo durante años, se veía sacudido a continuación, de manera insoportable, por este deseo lancinante de una pequeña abominación, de un pequeño horror, extremadamente penoso, de una cosita un poco molesta, sucia, repugnante.»

Kafka confiesa entonces a Milena que su presencia física le inquieta (11), algo que no podía decir a Felice en aquella ėpoca, Felice a quien había declarado en abril de 1913, cuando acaban de encontrarse en marzo por primera vez desde el 14 de agosto : « El verdadero objeto de mi miedo, es que nunca podré poseerte.» Se compara a “un perro fiel condenado al mutismo y a una distancia eterna » (1-4-1913), una distancia que Felice intenta regularmente suprimir o reducir porque ella no esta en la misma dinámica que Franz, quiere verle. Lo que ella espera de este hombre que la llama « querida mía », es algo concreto, que se comprometa, que se case con ella.

Sin preocuparse de las reticencias de Kafka, Felice organiza en mayo de 1913, un encuentro con sus padres y Franz, y un mes después, Kafka se ve obligado a proponer el matrimonio. Se lo pide a Felice en estos términos : “¿Quieres ser mi mujer, lo quieres?” pero añade: “Te hago una pregunta criminal”

Esta petición de mano que Kafka se siente más o menos obligado a hacer, y la necesidad en la que se encuentra de tener que anunciar la noticia a su padre le recuerda esta pequeña historia que escribió un año y medio antes El veredicto, y hete aquí lo que le dice a Felice: “La historia es quizás una vuelta alrededor del padre y del hijo, y la cara cambiante del amigo, quizás no es sino el cambio de perspectiva de las relaciones entre el padre y el hijo”(12)

Si recordamos la violencia de estas relaciones padre-hijo y el fin trágico del hijo en la historia del “Veredicto”, se puede pensar que Kafka logró introducir un poco de juego en esta relación. ¿Esta ronda de la que habla, no sería la ronda de los padres?

 

La ronda de los padres

Cuando Kafka se dirige a su padre para informarle de su casamiento, es un padre tierno, físicamente debilitado, preocupado por su familia, temeroso por su persona quien aparece a su hijo, y quien le da su consentimiento. Kafka va a llamar al padre de Felice para que se oponga al casamiento, haciéndolo entrar así en la ronda de los padres.

Como Herr Bauer no reacciona, Kafka le pide a Felice que entregue a su padre una nueva carta a su padre, en la cual pone los puntos sobre las íes: “Soy taciturno, insaciable, egoísta, hipocondríaco y realmente en espera sufriente”

Un padre que prohíba es solicitado en el momento en que Felice cambia de sitio y toma el lugar del objeto incestuoso. En caso de que Herr Bauer no llegara a comprender lo que Kafka espera de él, le sugiere al pasar a Felice que le haga leer El veredicto: “¿Conoce tu padre el “Veredicto”? Si no lo conoce, dáselo para que lo lea, por favor”

Pero Felice no entrega esta carta a su padre y éste no se opone, por consiguiente  al casamiento de su hija, prefiriendo que sea ella quien decida.

Más tarde, Kafka introducirá otro personaje en la ronda de los padres en la persona de Grete Bloch, una amiga de Felice. Mientras tanto, la decisión que ha tomado de casarse con Felice le angustia y durante el verano, le suplica a Felice que se cure de él, que pare de escribirle y le manda una carta de ruptura el 16 de septiembre de 1913. “Tenemos que separarnos.

 

El suplicio del palo

Pero Felice insiste y persiste. Un nuevo encuentro se produce (sólo es el cuarto) en noviembre, del que Kafka dirá en su Diario que fue un desastre. En febrero de 1914, un quinto encuentro tiene lugar en Berlín, Kafka lo describe en estos términos : “Estoy esperando el suplicio del palo. Esto no podría ser peor.”        

Inofensiva a distancia, Felice se convierte en un peligro para Kafka cuando se acerca a ella. Podemos pensar que cambia de lugar, de estatuto para él cuando va a Berlín. La angustia de estar en condiciones de realizar sus deseos incestuosos le conduce a llamar a un padre, pero el riesgo que corre entonces es el de ser feminizado y sodomizado por este mismo padre (cf. el palo) (13).

La salida “clásica” para evitar la feminización por el padre (tomar una mujer, casarse) no funciona para Kafka. Más bien morir. Es lo que podemos leer en su Diario el 14 de febrero de 1914.

Pero en el guión inventado para programar su suicidio, Kafka invierte los papeles, pretextando que debe morir, porque Felice le ha abandonado y no quiere casarse con él. Pero, sin embargo, no se está engañando y comprueba que no hay salida para él, que Felice quiera o no casarse: “No soy capaz de vivir sin ella y no seré capaz de vivir con ella.”

Al no poder dar marcha atrás y en la imposibilidad de imaginar perder a Felice, Kafka se compromete un poco más en  el camino de un reconocimiento oficial y social de su relación con Felice.

Regresa (il se rend) a Berlín en Pascua (abril 1914) para esponsales no oficiales pero su angustia es tal que le pide a Grete que le acompañe, por miedo a encontrarse frente a su padre en el tren.

Las esponsales oficiales se producirán el mes siguiente. En julio de 1914, Kafka debe encontrarse de nuevo con Felice en Berlín, pero ésta, desanimada por el comportamiento de Kafka y sus perpetuos cambios de humor, exige explicaciones y convoca a varias personas (su padre, su hermana, Ernst Weiss y Grete Bloch ) para una confrontación con su novio.

Kafka relatará este encuentro que tuvo lugar en el hotel Askanischer Hof, donde tenía costumbre de hospedarse, llamándole el Tribunal del Askanischer Hof.

Un mes más tarde, empezará a escribir El Proceso.

 

Notas

1- F. Kafka, Diario

2- F. Kafka, Cartas a Felice

3- S. Freud, Tres ensayos para una teoría de la sexualidad

4- S. Freud, “Un tipo especial de elección de objeto en el hombre”

5- S. Freud, “Sobre una degradación general de la vida erótica”

6- F. Kafka, Carta al padre

7- F. Kafka, Cartas a Milena

8- En una carta a Milena, Kafka confiesa su atracción por las doncellas.

9- F. Kafka, El veredicto y otros relatos

10- En el diálogo con su padre que pone en escena en la “Carta al padre”, Kafka imagina un guión y hace hablar a su padre con estas palabras: “El combate caballeresco, donde adversarios libres miden sus fuerzas, donde cada uno se queda solo, se pierde o gana por sus propias aptitudes.” Sabemos que esta carta nunca llega a su padre.

11- En una de sus cartas, Kafka explica a Milena que le aparece con dos caras según el tipo de carta que ella le dirige: Hay cartas que le tranquilizan, pero otras le angustian terriblemente. Es difícil no relacionar esta angustia con la castración materna, cuando se leen las líneas que siguen: “Es necesario que en estas cartas, tengas la cabeza grandiosa de la Medusa, por la cantidad de serpientes del horror que se convulsionan alrededor de ella, como alrededor de la mía, por otra parte más frenéticamente se convulsionan las del miedo.”, en Kafka, F., Cartas a Milena.

12- Mucho más tarde, confesará a Felice: “Eres mi mejor amigo”, lo que no es corriente al dirigirse a una novia esta vez masculinizada.

13- En su “Carta al padre”, Kafka evoca esta posición hablando del papel de “ojeadora” de la madre, identificándose con la caza.