3.4 (T) HOFFMANN, Christian : Subjetividad post-edípica y división del sujeto

(Traducción al español de Juan Bauzá)

 
El psicoanálisis nos enseña a partir de su método que no hay que confundir la subjetividad con el sujeto. Esto es de lo que se trata cuando es cuestión de « subjetividad post-moderna » o aún de « subjetividad post-edípica », o tantas subjetividades que se acercan hoy al cognitivismo por un rechazo común del concepto de sujeto.

El sujeto del psicoanálisis y por consiguiente del inconsciente, se descubre en la transferencia como un sujeto dividido entre saber y verdad. En la actualidad asistimos a un ascenso al poder del naturalismo que es una visión científica que prescinde del sujeto del conocimiento.

Razón de más para distinguir la subjetividad de la cuestión del sujeto - ese sujeto del que Michel Foucault declaraba : « El sujeto : una cosa compleja, frágil, de la que es tan difícil hablar, y sin la cual no podemos hablar »[1].

La teoría  del sujeto de Lacan nos resulta aquí de una gran utilidad. Lacan hizo, como se sabe, del sujeto cartesiano el pre-supuesto del inconsciente[2]. Él encontró su punto de apoyo fundamental en el cogitosujeto de la ciencia »[3], a saber ese « yo » (« je ») que dice « yo pienso, luego soy » (« je pense donc je suis »). Lacan, sin embargo, provoca una ruptura con esta concepción del sujeto, a partir del momento en que señala su problematización de la identidad sexuada[4]. cartesiano, que le permitió enunciar la noción de « 

No deja de ser cierto, no obstante, que ese sujeto, que no es reductible al « yo » (« je ») del enunciado, se manifiesta como dividido entre el enunciado y la enunciación, el saber y la verdad, el cuerpo y el goce, la gramática y la lógica.

Sabemos que fue Descartes quien señaló la necesidad de suponer un sujeto a la experiencia del cogito - un sujet supuesto, pero necesario, a la experiencia del cogito. Lacan retornará a Descartes, a partir de Merleau-Ponty, para descubrir que hay un imposible en su experiencia filosófica de la búsqueda del sujeto. Se pregunta : ¿Dónde está lo real del cogito, si no es en la imposible reiteración infinita del cogito en un « yo pienso » (« je pense »)? ¿Dónde está el límite, se pregunta?

Debemos reconocer, como lo señala Antonia Soulez, que hoy « se reforma ‘’el espíritu’’ a la medida de la ciencia en lugar de repensar la ciencia en función de la experiencia del sujeto, que Descartes fue el primero que cuestionó »[5]. Recordemos que Freud[6] relacionaba el psicoanálisis con la Weltanschauung científica, con la condición de que esta última aceptara su incompletitud, en particular por lo que se refiere a la investigación en el ámbito psíquico donde la sexualidad tiene su parte. 

Si « la sexualidad habla », como lo dice Lacan en La instancia de la letra en 1957, entonces es suficiente añadir como él lo hace en 1975 en Yale a propósito de los Tres ensayos sobre la teoría sexual de Freud : « […] nuestra lengua materna »[7].  Dos puntos de los Tres ensayos de Freud pueden ser sometidos aquí a la discusión.

En el Prólogo a la Cuarta edición a sus Tres ensayos, Freud en 1920 insiste sobre la oposición cada vez mayor que encuentra : « el papel del factor sexual en la vida psíquica normal y patológica »[8].

Sabemos hasta qué punto Michel Foucault puso toda su energía en denunciar el discurso sobre el sexo que establece históricamente el vínculo entre la sexualidad, la subjetividad y la obligación de verdad, una triada que ingresa en la cuenta del psicoanálisis como heredero de esta scientia sexualis que busca la verdad en el fondo del sexo ; y que se supondría querer decir el verdadero sexo y la identidad por el uso de la norma acompañada de una práctica de la confesión [declaración][9].

Freud proporciona una excelente Recapitulación de su anticipo al final de su obra sobre los Tres ensayos[10]. Hemos partido, dice, de las aberraciones de la pulsión sexual con respecto al objeto y a su fin ; por objeto sexual, hay que entender la persona de la que emana la atracción sexual ; y por fin, el acto al que empuja la pulsión. Las desviaciones, que suponen la idea de una norma, son estudiadas a partir de los trabajos de Krafft-Ebing y H. Ellis. Freud plantea la cuestión del carácter innato o adquirido de estas desviaciones.

El estudio de los neuróticos, cercanos a la buena salud, ha permitido a Freud, como él dice, descubrir una tendencia a todas las perversiones en el ser humano ; de ahí su famosa conclusión : « la neurosis es el negativo de la perversión ». Hablar de predisposición a las perversiones vuelve de nuevo entonces a evocar esta predisposición como original y universal en toda la sexualidad humana. La pulsión sexual se vincula ahora al descubrimiento de una sexualidad infantil perversa y ella llegará a desarrollarse bajo el efecto de modificaciones orgánicas e inhibiciones psíquicas como el pudor, el asco, la compasión y las construcciones sociales de la moral y de la autoridad ; se habrá reconocido el efecto de la represión en este desarrollo sexual calificado de normal por Freud. Así, no es sorprendente encontrar un vínculo entre las inclinaciones perversas en negativo en el neurótico y las perversiones llamadas positivas ; sólo existe la diferencia de la fijación y de la regresión a lo infantil, lo que, como agrega Freud en 1915, hace asequibles las perversiones a la terapia psicoanalítica[11].

Este resultado está muy alejado de la invención en el siglo XIX del « perverso como un género de hombre, del que estas perversiones específicas serían las especies ». Corresponderá a M. Foucault denunciar la reducción del homosexual a una especie siguiendo la ecuación: el homosexual es un perverso, y un perverso es un enfermo. El lector podrá leer al respecto el excelente trabajo de Y. Hacking en el Collège de France sobre las clasificaciones. En síntesis, el estudio de la homosexualidad permitió al psicoanálisis desnaturalizar el sexo.

Freud concluye su primer capítulo sobre la inversión  por la ruptura de un vínculo supuestamente natural entre la pulsion y el objeto ; además, no es propiamente el objeto lo que determina la excitación pulsional. La pulsión es independiente de su objeto ; es la « soldadura » entre ambos lo que es anormal. El psicoanálisis puede tener así su sitio en el debate entre las tesis esencialistas, que buscan el gen gay, y la de los construccionistas. Esto tanto más cuanto que Freud agrega en 1915, lo cito : « La investigación psicoanalítica se opone terminantemente a la tentativa de separar a los homosexuales como una clase específica de los otros seres humanos […] todos los hombres son capaces de elegir un objeto homosexual, y aún lo han hecho efectivamente en el inconsciente »[12].

Subrayemos un segundo punto del Prólogo al que nos referíamos más arriba, donde Freud compara su concepción ampliada de la sexualidad al Eros de Platon. Freud utiliza de entrada la referencia al Banquete a propósito de la pulsión sexual para ilustrar el movimiento de separación del ser consigo mismo y de su unión en el amor. Recurrirá de nuevo a esa imagen en el capítulo seis de Más allá del principio de placer a propósito de la «necesidad de restablecer un estado anterior »[13]. Moustapha Safouan hizo la crítica del mito de Platón en su obra sobre La sexualidad femenina, habla del traspié de esta teoría que consiste en situar una división real con el objeto en la causa del reencuentro del objeto, cuando « […] la división primordial es la del sujeto a la búsqueda de su identidad perdida »[14]. En cuanto a lo real, hay que comprenderlo en el carácter profundamente perdido del objeto del deseo[15].



[1] M. FOUCAULT, « Lacan ‘’le libérateur’’ de la psychanalyse », Dits et écrits, t. IV, Gallimard, 1994, p. 205.

[2] J. LACAN, Ecrits, Seuil, 1966, p. 839. [Nota del traductor : Corresponde al texto « Posición del inconsciente », donde efectivamente podemos leer : « El sujeto, el sujeto cartesiano, es el presupuesto del inconsciente […] »]

[3] Cf. J.-C. MILNER en Le périple structural, Seuil, 2002.

[4] Cf. J. LACAN (1972-1973), Le séminaire Livre XX, Encore, Seuil, 1975.

[5] A. SOULEZ, Le moment cartésien de la psychanalyse, Arcanes, 1996, p. 138

[6] S. FREUD (1933) « Sobre una Weltanschauung », en Nuevas Conferencias de introducción al psicoanálisis, 35ª Conferencia, AE, XXII, p. 146.

[7] J. LACAN, Scilicet 6/7, Seuil, p. 14.

[8]S. FREUD (1905), Tres ensayos sobre la teoría sexual, AE., VII, p. 120.

[9] Cf., Arnold I. DAVIDSON y F. GROS, Michel Foucault, Philosophie, Gallimard, 2004.

[10] Op. cit., p. 211. El lector podrá referirse igualmente a la obra de J. ANDRÉ, La sexualité féminine, PUF, 2003.

[11] Op. cit., p. 212.

[12] Op. cit., p. 132 n. 13.

[13] S. FREUD (1920), Más allá del principio de placer, AE., XVIII, p. 56.

[14] M. SAFOUAN, La sexualité féminine, Seuil, 1976, p. 142-143 [Hay traducción al castellano en Grijalbo, en esta p. 155].

[15] M. SAFOUAN, « Du réel dans la psychanalyse », en Dix conférences, Fayard, 2001.