Las teorías sexuales infantiles: ¿Qué ha cambiado? Arlette Pellé.

 
Satisfacer a su madre al mismo tiempo que ella sigue requiriéndolo…es angustiosos para el niño. Éste presiente que la madre no dispone de algo que el niño no puede colmar. Esta insatisfacción materna adopta el papel de enigma y angustia al niño que elabora entonces las teorías sexuales infantiles. ¿De dónde vienen los niños? ¿Para qué sirve el padre? ¿Puedo perder mi pito o va a crecer? Estas teorías le sirven para colmar la falta de la que sufre su madre , para construirse su falo. Su contenido no ha cambiado desde que Freud las descubrió, y la educación sexual precoz no aporta ninguna novedad. Son inmutables y constituyen el zócalo de la sexualidad adulta. Sin embargo su destino, lo que hará efracción en estas teorías para que la sexualidad adulta y la identidad sexual sean asumidas, su destino se ve a veces comprometido. ¿Qué ocurre cuando estas teorías fracasan, es decir cuando su “fragmento de realidad” opera sin represión en el adulto? ¿Qué ocurre cuando la escena social idealiza un modo de goce propio de la sexualidad infantil?

 
las teorías sexuales infantiles: ¿su función?

. Tener un hijo para la madre

En las terapias de niños es frecuente escuchar directamente estas teorías y los pacientes adultos relatan fragmentos a partir de sus sueños o fantasmas. Un niño de cinco años se hace caca en sus calzoncillos desde que su madre le dijo que esperaba un hijo. En un momento de la sesión, le hago esta pregunta: “¿Sabes cómo se hacen los niños?”, responde: “los mosquitos se ponen así, uno encima del otro, se unen y llega un huevo”. “Ah - le digo – y los bebés, ¿cómo vienen?” “Pues un grano de papá, un grano de mamá, y si no quiere salir, se hace un agujero en la barriga de mamá y ya está, si quiere salir es por el intestino de mamá para que caiga por sus nalgas, como la caca.”

El niño pulsional que nace de esta teoría sigue el camino pulsional que el niño autor de esta teoría conoce desde siempre, de lo que entra en su cuerpo y de lo que sale. La oralidad y la analidad son investidas de goce sexual si la madre se interesa por él. En la lógica de estas teorías, los niños son traídos al mundo por el ano, por lo que tanto el hombre como la mujer como el niño podrían traerlos. De este modo tanto el niño como la niña podrían tener hijos desde el punto de vista de las vías pulsionales. Así como G. Pommier lo desarrolla en su Seminario de Enero 1998, tener hijos resulta más cómodo a la madre que ser uno de ellos. Manera de distanciarse respecto de la aniquilación que representa ser su falo. Tener niños para la madre es poder darle el falo (en forma de niño) que ella no posee puesto que su insatisfacción no cesa. El niño busca vencer el sueño de harmonía, quiere tener niños para la madre para no estar sometido a su deseo.

 
. Qué es un padre

La otra cuestión a la que el niño, por la misma razón, se interesa, es la de la función del padre en esta historia. No puede representarse su papel en la reproducción, función que su cuerpo inmaduro respecto al acto sexual, aún no ha experimentado, no tiene a su disposición un goce genital…Un niño cuenta este sueño: “Hay dos Conejos, salen del vientre de la mamá…” “Cómo crees que se hacen los niños?”  “Antes hay que besarse, se puede empezar a los 18 años. Un niño se hace moviendo la lengua…se hace saliva…y luego se hace el bebé” “¿Y el padre?” “Sirve para que vaya cuando el niño nace en el hospital.” Desde el punto de vista sexual y casual, el padre está fuera de juego.

El niño, niño o niña a este nivel de organización psíquica, no dispone más que de un goce autoerótico que caracteriza la sexualidad infantil. Para ambos sexos, el falo está investido de goce, se trata del primado del falo.

 
. La diferencia sexual

En lo que concierne la diferencia de sexos, la evidencia anatómica no soluciona en absoluto el asunto. Los niños que conocen esta diferencia responden de este modo: “las niñas tiene el pelo largo y llevan falda” o “las niñas prefieren el rosa y los niños más bien los colores oscuros”, incluso añaden que las niñas tienen un POMPONNE y los niños un pito. Esto parece tener el mismo sentido que el cabello largo o corto, es decir, no hace la diferencia sexual. En los Tres ensayos, Freud dice “a la edad infantil la diferencia sexual no es tan manifiesta como los será después de la pubertad. Se trata de una sexualidad infantil perversa poliórfica para los dos sexos y a estas teorías se añaden los procesos edípicos. Si el niño no se representa la función del padre en la reproducción, ésta irrumpe en el sentido en que lo aleja de la identificación ideal al falo materno.”

Este paso es a veces complicado y se puede decir entonces que las teorías sexuales infantiles vencen en cierto sentido. Tomemos por ejemplo el caso del pequeño Hans. Su padre se parece mucho al padre de nuestra modernidad. “A pesar de todo su amor, de toda su amabilidad, de toda su inteligencia, no hay un padre real como agente de la castración para el niño”, dice Lacan en las últimas páginas de la relación de objeto[1]. El padre de Hans es totalmente inoperante, es exactamente como si se balancease al lado de la madre, sean cuales sean las relaciones entre los dos personajes parentales. No se tarta de personas padre y madre sino de la madre en relación a la palabra del padre.

Si Hans se cura de su fobia no ha pasado, dice Lacan, por el complejo de castración pero por otra vía. Encuentra una salida atípica, un sustituto. La situación se ha resuelto gracias a una identificación al deseo materno, al ideal materno y “no tendrá padre”.

Al final de la cura, Hans tendrá niños imaginarios para la madre, niños pulsionales de los que se ocupará y que la mantendrán a distancia de ser su falo.  No se encuentra una relación dual, tiene una relación más allá del deseo de la madre a quién le falta el famoso falo, enigma del deseo de la madre que no está orientado hacia el padre.

Si el niño lo resuelve por identificación al ideal materno, se queda en una posición pasiva, feminizada respecto a la existencia y a su futuro con las mujeres. El falo imaginario se pasea entre la madre y el niño, o bien la madre lo tiene y el niño se somete a su potencia o bien el niño lo tiene para ofrecérselo a la madre. Hans no tiene padre en el sentido de elegido de la madre, la función paterna que pone en juego la rivalidad con el padre no se inicia.

El padre del pequeño Hans, padre muy moderno, no tiene un lugar reservado en el discurso de la madre, es decir, ella no le hace intervenir como su hombre, no le hace causa de su deseo. Para todos los pequeños Hans, el padre no hace ley a nadie, ni a la madre ni a su hijo… No hay padre, tal como dice Lacan.

El niño, emboscado en el juego fálico de la madre, tiene la certeza de que él es el amado de ésta. Tiene la certeza de que el padre es realmente una molestia, y no ve ningún mentís en su lugar. El niño realiza de este modo su sueño de armonía y amor de sus teorías sexuales infantiles.

Lo que significa que en este caso la castración simbólica es evitada y la angustia de castración materna apartada gracias a la elaboración de las teorías sexuales infantiles o a los síntomas más o menos ruidosos que pueden llevar a consulta.

“Todos los taburetes no tienen cuatro patas. Los hay que se mantienen con tres. Os aseguro que para la mayoría de gente de nuestro mundo moderno, los puntos de apoyo son excesivamente reducidos. Desde que se llega a taburetes de tres patas, ya no es cuestión de que le falte una sola, porque las cosas cambian muy rápidamente[2]. Este taburete de tres patas concierne el triángulo imaginario madre-niño-falo (imaginario).”

Existen situaciones invertidas en las que la madre adopta la postura del padre y es ella quien está en posesión del falo imaginario. Lacan propone aquí la homosexualidad como una posibilidad: “Si el homosexual exige un rasgo del objeto (pene), la madre ha adoptado la postura del padre en un momento decisivo. Encuentra la seguridad del lado de la madre. Es una situación de tres patas…”[3] madre-niño-falo. El niño está persuadido de que o la madre lo tiene o de que si no lo tiene, se lo ofrece como regalo.

Otra manera aún más radical de quedarse fijado a las teorías sexuales infantiles sería que el pene no sea investido de goce en el momento en que el acto sexual es posible.

Es el caso del joven hombre que “elige” afiliarse a la rama materna y rechaza su filiación paterna. El clan materno desvaloriza al padre. El amor de este mismo clan está centrado en el hijo: será el niño querido, adulado y admirado de los abuelos maternos.

Este anclaje en el clan materno le lleva, de adolescente, a decirse homosexual. La función sexual del padre, calificada de bestial en esa momento del desarrollo, emerge. Descubre a un padre sexuado. “Sólo piensa en eso, sólo habla de eso…”. Su odio hacia este padre violento, potencialmente violador, es enorme y encuentra la desvalorización del padre en el clan materno. Rechaza entonces al padre y al sexo. El padre sodomita lo aterroriza.

Su odio hacia los verdaderos homosexuales se desencadena. ¿Quién es entonces? Ni hombre ni mujer. La cuestión de un cambio de sexo no se plantea. Sueña con un tercer sexo para finalmente volcarse  en la idea de que su identidad podría consistir en el rechazo categórico de “ser un hombre como los otros “ y más precisamente “de ser un hombre como su padre”.

Se da cuenta de que se homosexualidad se revela como asexualidad, una huida del sexo, y dirá “Yo soy un asexuado voluntario”. Puede amar a un hombre pero el acto sexual no está solamente prohibido sino que también es irrepresentable. Se trata de una posición entre lo permitido y lo prohibido. Ser el falo para el goce del otro continúa prevaleciendo, está permitido. Investir de placer el pene le es imposible, está tan prohibido con un hombre como con una mujer. El ideal purificado de un amor sin sexualidad genital cobra una importancia plena, ideal conforme a la asexualización de las teorías sexuales infantiles.

 
Como conclusión:

El “éxito” de las teorías sexuales infantiles es evidentemente un tiempo de regresión o de fijación a la sexualidad infantil. Este tiempo es una respuesta a lo que ocurre cuando la madre retiene el falo imaginario, ¿la potencia fálica para el niño?, o ¿existen otras salidas?

El goce pulsional parece a veces responder a un ideal de la escena social. Cuando se trata por ejemplo de la búsqueda del placer, lo bueno será promovido como ideal y la perversión polimórfica como aquella que posee el sumum de la garantía de goce fuera de lo común.

Los clubs sadomasoquistas, las discotecas gays, los diferentes clubs para goce pulsional, goces que no se encuentra posicionados bajo la égida del padre, del significante, se multiplican. Ocurre que la angustia, la depresión, el asco o el síntoma aparezcan en ciertos sujetos que participan. La interdicción viene de este modo del sujeto, interdicción que constituye un padre. Así se observa que el placer pulsional permitido por lo social puede encontrar su límite del lado del sujeto. De la misma manera que se puede observar un higienicismo ambiental que se querría fuera del sexo proporcional a la idealización de los goces perversos polimórficos, lo que está permitido por un lado encuentra su interdicción por el otro. ¿Un padre no está entonces convocado en la escena social?

 


[1] Seminario la relación de objeto “Envío” “Hans el fetichismo a Leonardo en espejo”

[2] Semianario J.Lacan Las Formaciones del Inconsciente

[3] Seminario inédito Formaciones del Inconsciente P211 Lacan