2.2 (O) SCHWARTZ, M. V.: Diferencia de los sexos, ambigüedad y vínculo social

 

Ninguna efervescencia…sabría eliminar eso que {el discurso analítico} atesta de una maldición sobre el sexo, que Freud evoca en su “Malestar”
J.Lacan Televisión

“…mas recibí la flecha que me asignó Cupido
y amé cuanto ellas tienen de hospitalario...”
Antonio Machado  Autorretrato

 

Cada vez más parece acentuarse la distancia entre el discurso de la ciencia positivista y el discurso analítico. En el Congreso de Padua  (de la FEP), he hecho hincapié en la diferencia que existe en el modo de tratar lo imposible por ambos discursos. Y hoy de nuevo, a propósito del tema que nos convoca, en relación a la diferencia de los sexos, se encuentra la radical oposición entre lo que supone ser macho o hembra desde el punto de vista del real biológico, y lo que supone reconocerse hombre o mujer ante el real del goce para el psicoanálisis.

Desde el punto de vista de la ciencia es posible una escritura de la relación entre los sexos. Esta escritura posible se basa en la descripción precisa, desde la perspectiva de la biología, de las células sexuales femeninas y masculinas y su estructura genética.

Para el psicoanálisis, al menos para el psicoanálisis lacaniano, no hay escritura de la atracción entre los seres humanos, no hay ninguna ley universal de la relación entre los sexos.

La etología puede dar descripciones de ciertas reglas del apareamiento de los animales, en los que el instinto no está desnaturalizado por el lenguaje. Ese saber de la etología, que se refiere al saber sabido del instinto en el animal, no es aplicable a los humanos. Sobre la atracción sexual no hay ese tipo de saber. Lo imposible a saber, en el psicoanálisis, no es como para la ciencia, un desafío a buscar nuevos instrumentos para dominar ese real que se le escamotea y que busca trasformar en posible, ese imposible para el psicoanálisis es un límite infranqueable.

Lo imposible a saber para el sujeto humano está representado por esa ausencia de escritura de la relación sexual que deja a cada uno ante la contingencia de un fracaso o un éxito en el abordaje del partenaire.

No se puede escribir la relación sexual, la mujer no existe. Pero acaso existe EL hombre? Ese que en todo caso es lo que busca la histérica? Sólo existe el padre la madre el hijo y el falo. Para que haya no LA mujer  ni EL hombre, pero sí una mujer y un hombre es necesario un largo proceso que culminará en la asunción de una identidad sexual simbólica. Por parte de cada uno de los sujetos provistos de una determinación biológica sexuada, ese camino se recorrerá más o menos accidentadamente, según los acontecimientos de su historia y los efectos de los discursos que los condicionan. En ese largo camino el discurso del Amo provee el S1, pero una madre puede atrapar a su vástago en un discurso Histérico desautorizando al Amo.

En nuestras consultas nos encontramos con que el hecho de ser reconocido y aceptado como hombre o mujer, y/o haber elegido un cónyuge heterosexual no impide que en muchos sujetos encontremos una vacilación con respecto a su identidad sexual. Una ambigüedad que enfrentan con dolor, angustia, indiferencia o preocupación; soy homosexual? bisexual? son preguntas corrientes en el curso de un análisis.

Freud influido él mismo por la relación ambigua con Fliess utiliza la idea de la bisexualidad. Aunque no del todo convencido acerca de ese concepto, alude a lo que veía en su clínica; la indeterminación de la asunción de la identidad sexuada en el sujeto humano.

ADRIAN
Se siente atraído por la chicas, se masturba pensando en ellas, sin embargo agobiado por una pasividad extrema, aplastado por un padre autoritario que lo desvalorizó siempre, no logra estabilizarse en la vida, encontrar su lugar en el Otro. Tiene una crisis de violencia en la que intenta atacar a su padre con un cuchillo y protagoniza una situación confusa que parece un intento de suicidio. Circunstancias que determinan un breve ingreso diagnosticado como “caso límite”. Cuando sale de este ingreso me es enviado. Gran fumador de hachis, a pesar de sus 25 años, parece un adolescente rebelde. Se autoacusa por sus juegos sexuales en la pubertad con una prima y una de sus hermanas menores. Sólo ha tenido un par de experiencias heterosexuales completas, bastante poco satisfactorias. Se siente impotente ante las múltiples inhibiciones que le impiden encontrar un proyecto, un deseo que oriente su existencia y se pregunta si es homosexual.

DIANA
Acude por que está muy angustiada a raíz de las depresiones de su marido, que ocurren desde hace 25años!! Y por la relación que su hija mantiene con un joven del que ella sospecha que ha cometido robos de dinero en su propia casa. Esta angustia le ha provocado una serie de síntomas físicos (cefaleas, desmayos, crisis de hipertensión) que determinaron varios viajes al servicio de urgencia del hospital, del que sale invariablemente con el diagnóstico de “Stress” o “Nervios”. Su otro hijo está a punto de marchar de casa, de independizarse, cosa que le provoca un gran dolor. Pero las sesiones giran repetitivamente acerca de lo insoportable que resulta su marido. El Otro y sus impotencias (su castración) centran su línea asociativa enlazándose con sus quejas acerca del autoritarismo y arbitrariedad de su padre que martiriza desde siempre a su madre, agobiándola con una repetida maternidad; hasta un número de ocho vástagos incluyéndola a ella. Tiene una amante desde hace muchos años y no sabe si es homosexual, bisexual o qué…

ÁNGEL
Piensa que es homosexual. Por qué?  Por que nunca se ha sentido demasiado atraído por ninguna chica, tampoco por los hombres, pero quizás un poco más, en realidad prefiere estar solo, en su juventud le decía un amigo que “era un sociófobo”. Finalmente ya entrado en la treintena se casa por cariño con una compañera de trabajo y tiene un hijo con el que teme repetir la crueldad que su padre tuvo con él. Severidad extrema de un padre admirador de Franco y soldado voluntario de la División Azul que marcha a luchar contra los comunistas a Rusia.

Estamos asistiendo a fenómenos sociales contradictorios alrededor de la cuestión del sexo. Coexisten posiciones restrictivas como las de la Iglesia Católica que no acepta el uso de preservativos para la prevención de enfermedades de transmisión sexual, junto con un aumento creciente  del exhibicionismo y del “todo vale” en los medios de comunicación. Lo que hasta hace poco se reservaba al campo de la pornografía, hoy día salta a las pantallas, ordenadores, etc. con una progresiva banalización de la sexualidad y también de la violencia y la muerte. Todo se puede decir, todo se puede hacer, todo se puede mostrar.

¿Caducan los postulados freudianos referidos a la relación entre represión y síntomas?

¿Es acaso la disminución de la represión correlativa a la disminución del malestar?

La práctica del psicoanálisis nos muestra la vigencia de los postulados psicoanalíticos y de la mano de Lacan nos resultan absolutamente imprescindibles sus elaboraciones teóricas.

Si bien Lacan abreva en las fuentes freudianas su peculiar manera de trabajar los textos que las constituyen dan lugar a un entretejido de canales, acequias, arroyos y vías que nos brindan la oportunidad de calmar nuestra sed de referencias para intentar comprender los cambios con los que nos encontramos en la cuestión del sexo.

El sexo y la muerte siguen siendo dos enigmas para el parlante ser. Cuanto más cree dominarlos más esclavo se encuentra de la promoción de goce que el amo le propone. Pero esta promoción de goce es muy seductoramente engañosa. La reivindicación de la “libertad sexual”es cuanto menos contradictoria.

 Se confunde el derecho a la igualdad de oportunidades socioeconómicas con la promoción de una igualdad imaginaria, “comunidad de iguales” que defiende de la angustia de castración. En un mundo en que cada vez son más apabullantes las diferencias en cuanto a la distribución de la riqueza, la promoción de la igualdad sexual produce una cierta irrisión. Sin que por supuesto esta igualdad no sea legítima. Pero es una libertad sexual engañosa que contrasta con la determinación por la estructura.

La promoción del significante fálico a la categoría de función fálica en la teoría de Lacan brinda la clave del proceso de sexuación que en el ser hablante se cumple en una serie de pasos, no libre sin embargo de una cierta contingencia.

El discurso del Amo promueve la prohibición edípica y la represión, como consecuencia se produce una alternancia identificatória en el seno de la encrucijada edípica de la que Freud da cuenta. La relación con la castración producirá en el niño y la niña una salida distinta que condicionará su posición ante la masculinidad o feminidad.

Sin embargo, la definición sexuada no reside sólo en la identificación. No hay bastante con las identificaciones para decidir esa definición.(Morel)

Será Lacan quien llevará la cuestión de la castración más allá de la culpa y el castigo propios del mito edípico. La castración proviene de la acción de la palabra. Así la “madre prohibida” como efecto del discurso del Amo, devendrá en “la mujer no existe” como efecto de la lengua. (Melman)

La lógica fálica impone la alternativa hombre – mujer como posiciones relativas al goce. Estas posiciones sexuadas son determinadas por la acción combinada de los tres registros. El real del psicoanálisis, distinto del de la ciencia, el real de lo imposible que impide la escritura de la relación sexual y que también representa el real biológico de los cromosomas es un paso en el proceso de sexuación. Sobre éste actuará el discurso social acerca del sexo para cada nacido. Este discurso sobre el sexo atribuirá las condiciones, cualidades, características y prerrogativas de la virilidad y feminidad coincidentes o contradictorias con el sexo biológico de cada hablante. Pero faltará aún la contingencia de la “elección” de sexo por cada uno, que le llevará a alinearse del lado que sea de la lógica fálica: todo fálico – no toda fálica .

Alineación que ocurre con independencia del sexo biológico. Siempre y cuando no se trate de una estructura psicótica en la que está forcluída la significación fálica, junto con el significante del Nombre del Padre. Pero esta alineación puede conservar un alto grado de ambigüedad. (Morel). A esa contingencia contribuyen los datos que provienen del repertorio de significantes primordiales de cada hablante ser.

Para ADRIAN el desconocimiento (negación) de sus padres ante una hipoacusia congénita, que le causó un retraso escolar importante, lo llevan a vivir en un mundo en cierta forma autista que estimula sus fantasías y el alejamiento de la realidad. El castigo del padre consistente en no dejarle jugar en vacaciones, y obligarle a llenar cuadernos de deberes de los que no entendía nada, asocian castigo y prohibición a la castración, con lo que la significación fálica actúa en él pero no puede salir de una asunción totalmente imaginaria del falo sin poder inscribirse bajo el significante fálico como significante amo. Resta por siempre pasivo sin el asentimiento subjetivo a la significación fálica y sin poder asumir su potencia. Una erección interminable sin orgasmo marca su actividad heterosexual muy limitada por cierto.

Para DIANA el hecho de que una relación amorosa con una compañera de clase ( a los 12 años) mereciera el escándalo de los padres de ambas y que el suyo la enviara a hablar con un sacerdote, la sume en la perplejidad y la rabia. Acepta la reprimenda pero se rebela interiormente. A partir de ese acontecimiento se relaciona sólo con chicos y pasados unos años se casa. Pero conserva el rencor hacia su padre que se hace extensivo a su marido al que enfrenta reivindicativamente, siempre en la tónica de acusar al Amo de injusto y castrado.

ÁNGEL recuerda una escena de su infancia: llega tarde a su casa, una media hora más tarde de la hora permitida (las 9 de la noche) junto con su hermano con quien habían ido al cine. El motivo del retraso era que se habían quedado mirando en el escaparate de una tienda de electrodomésticos en un televisor, la transmisión de la boda del  rey Balduino de Bélgica con Fabiola. Su padre les esperaba indignado y ante la confesión de los niños les da una soberana paliza. ¿Acaso este barramiento de la pareja por parte del padre no ha afectado su disposición sexual, teniendo en cuenta que se trata de un recuerdo pantalla?

La elección de sexo ocurre en el interior de la estructura, dentro de una variación posibilitada por la lógica fálica de las posiciones. Variación que no siempre ha sido bien entendida por los críticos del psicoanálisis. En un extremo posiciones ingenuas como las de aquel psiquiatra que declaraba en un acto relativo al aniversario del nacimiento de Freud: “Yo creo que Freud se equivocaba, por ejemplo con el masoquismo, a mí ningún paciente me viene a decir que quiere sufrir, al contrario me vienen a pedir que les alivie del sufrimiento”.  O desde posiciones mucho más ilustradas como las que sustentan algunas feministas. Joan Copjec, es su ensayo “El sexo y la eutanasia de la razón”, responde a algunas de sus  críticas haciendo notar que si bien las feministas siempre se opusieron  a que el falo diera cuenta de la existencia de ambos sexos, no tuvieron en cuenta que la peculiaridad del significante fálico es que precisamente desbarata la posibilidad de una afirmación o negación simples. Asimismo responde a las posiciones desconstructivistas  acerca del género con conceptos muy justos apoyados en la teoría lacaniana.

El discurso sexual nunca puede determinar la diferencia de los sexos (Lacan  Sem. Ou Pire), sino que al contrario lo que el cuadro lacaniano de la sexuación pone de manifiesto es que cada una de las posiciones sexuadas allí referidas describe un impasse diferente, una manera diferente de revelar la impotencia de la palabra, y en todo caso no produce de ninguna manera una simetría entre ambas.

El discurso del Amo, el discurso de la ciencia, no pueden aceptar las propuestas del discurso del Analista, ya que la concepción del sujeto de los dos primeros discursos como no dividido y tomando en cuenta sólo el aspecto yoico y conductual del mismo, choca frontalmente con la concepción del sujeto dividido propio del psicoanálisis, Además el saber que produce el psicoanálisis surge precisamente del dispositivo psicoanalítico, de su clínica, que es el lugar donde reside el vínculo social que le es propio, y que conduce a una disyunción del saber y la verdad. Otro aspecto antagónico que quedará en todo caso para una próxima ocasión…

 

 

BIBLIOGRAFÍA

Doumit Élie: Lacan avec les philosophes, Albin Michel Paris 1991 (pag.265)

Sáez, Javier : Teoría Queer y psicoanálisis, Síntesis, Madrid 2004

Copjec, Joan: El sexo y la eutanasia de la razón, Paidos, Bs.As. 2006

Melman, Charles : Livre Compagnon e RSI, Ed. Association Freudienne, 1991

Soler Colette : La maldición sobre el sexo, Manantial, Bs.As., 2000

Morel Geneviève : Ambiguïtés sexuelles, Anthropos, Paris, 2000

Assoun Paul Laurent : Lecciones psicoanalíticas sobre Masculino y Femenino, Nueva Visión, Bs.As., 2006

Allouch, Jean: Le sexe du Maître, Exils, 2001

Lacan, Jacques: Les Séminaires Encore, Ou Pire, Les non dupes errent, RSI, Seuil

Lacan, Jacques : Télévision en Autres Écrits, Seuil, Paris, 2001