Algunas cuestiones preliminares a todo posible tratamiento del psicoanálisis
como ciencia y de la ciencia por el psicoanálisis
Juan BAUZÁ
« Gris es toda teoría del árbol de la ciencia, pero verde
es el árbol de la vida » - Goethe
El problema
¿El “psicoanálisis” es [de facto], puede ser [de iure], debe
ser [como imperativo ético] una “Ciencia”?, o para expresarlo de otro
modo: ¿Hasta qué punto el psicoanálisis es, puede y
debe ser susceptible de una cientifización y qué quiere decir
eso en su caso específico? ¿Cuáles serían entonces
sus características, sus consecuencias y sus límites? ¿Por
qué sería eso importante para el psicoanálisis y para
la Ciencia?
¿El “psicoanálisis” es una “Ciencia”?
Para abordar esta primera cuestión empecemos por aclarar que no es
el objeto de una disciplina lo que hace de la misma una Ciencia, sino el
modo o el método de tratamiento de éste. Tal y como señala
Canguilhem en su texto acerca de “El objeto de la historia de las ciencias”
(Cf. G. CANGUILHEM, Études d’histoire et de philosophie des sciences,
p. 17):
«El objeto científico, constituido por el discurso metódico
que caracteriza a una ciencia como tal, es segundo, aunque no derivado, con
respecto al objeto supuesto natural, inicial, que podríamos decir,
jugando con el sentido, es su pre-texto. La historia de las ciencias lo es
de estos objetos segundos, no naturales, culturales [...]. El objeto del
discurso científico depende de la historicidad de este último,
siendo aquel la realización de un proyecto interiormente normado,
pero atravesado por accidentes, retrasado o desviado por obstáculos
de toda índole, interrumpido por crisis, es decir por momentos de
intervención del juicio y de la verdad»
Es pues la propia Ciencia, en tanto discurso, la que constituye el objeto
de su campo fenoménico como objeto científico. Objeto construido
a partir de un doble corte: 1) corte en relación con lo natural y
lo espontáneo propio del empirismo ingenuo (es lo que constituye el
hecho científico más allá de los “hechos”); 2) corte
en relación con la cultura de pertenencia y su imaginario social predominante.
Es sobre todo en estos cortes donde el sujeto de la Ciencia se halla especialmente
comprometido.
Si apostamos por una concepción fuerte de la Ciencia, lo que aquí
es el caso, el psicoanálisis -hoy por hoy, en ninguna de sus tendencias
y en su estado de formalización actual- no es una Ciencia. Parecería
pues que estoy de acuerdo con Lacan, cuando al final de su enseñanza
parece concluir que “El psicoanálisis no es una ciencia”. Por ejemplo,
en la trascripción de la sesión del 11 de enero de 1977 de
su Seminario XXIV sobre L’insu que sait de l’Unebevue, podemos leer:
«El psicoanálisis, lo he dicho, lo he repetido muy recientemente
no es una ciencia [...]»
«El psicoanálisis no es una ciencia, una ciencia exacta o exactamente
una Ciencia»
-precisaba Lacan al final de su “Apertura de la sección clínica”
(5.01.1977).
Pero ese momento de “conclusión” no zanja la cuestión: debemos
explicar sus premisas y el razonamiento que lleva a la misma al final de
su enseñanza y eso requiere un tiempo de comprender. Empecemos por
leer esa cadena significante de Lacan en su contexto particular y en el contexto
general de su obra. ¿Cuál es ese contexto?
«El psicoanálisis [...] no tiene su estatuto de ciencia y únicamente
puede esperarlo, anhelarlo»
-continúa Lacan en el texto que citamos, y acto seguido nos
encontramos con esto:
«El psicoanálisis es un delirio del que se espera que lleve
una ciencia. Es un delirio del que se espera que llegue a ser científico
[¿qué es lo que se espera que llegue a ser científico
¿el delirio? o ¿lo que el delirio subsume como verdad forcluida?]»
Si esto es así, ¿Cuál sería la condición
para sacar al psicoanálisis de su delirio según Lacan, y que
llegue a ser científico?
«Podemos esperar mucho tiempo porque –como saben lo que se espera no
es forzosamente lo que se obtiene. Es un delirio científico y se espera
que conlleve una ciencia, pero eso no quiere decir que la práctica
analítica [por sí misma] lleve nunca a esa ciencia. Además
es una ciencia que tiene tantas menos posibilidades de madurar cuanto que
es antinómica; lo que quiere decir que de todos modos, para nuestro
uso y el uso que nosotros hacemos de las mismas es necesario revisar las
relaciones entre la ciencia y la lógica.» [los subrayados son
míos]
¿El psicoanálisis puede y debe ser una Ciencia?
Al menos a tenor de esta cita de Lacan, parece que podría esperarse
que el psicoanálisis llegara a ser una Ciencia, pero ello es difícil
porque: 1) se trataría de una ciencia “antinómica”. ¿Qué
quiere decir esto? Lacan lo aclara un poco al decir que para llegar a esa
“Ciencia antinómica” se requeriría una condición previa
necesaria: «sería necesario –dice- revisar para nuestro uso
las relaciones entre la ciencia y la lógica.» Es decir, -sin
duda aquí interpreto ese texto de Lacan: revisar las relaciones entre
la Ciencia y las condiciones de racionalidad que le proporcionan su validez
y su verdad explicitadas en su organon lógico.
Llegados a este punto tenemos que referirnos a un momento anterior pero crucial
en la enseñanza de Lacan sobre el tema.
Sabemos que lo que le da su fuerza a una teoría científica,
desde la época griega, es su relación con la verdad y Lacan
subraya esta importancia de la verdad en relación con la ciencia,
no sin señalar sin embargo que, tal como está constituida La
Ciencia hay algo que esta descuida precisamente en relación con la
verdad y es eso lo que Lacan pretende desvelar y reparar hasta donde sea
posible. Así podemos leer en su escrito sobre La ciencia y la verdad:
«Si hay practicantes para los cuales la verdad como tal se supone que
actúa, ¿no son precisamente ustedes? No lo duden, en todo caso,
es porque este punto está velado en la ciencia [habría que
matizar tal como ella se halla establecida hoy por hoy] por lo que conservan
ustedes ese lugar sorprendentemente preservado en lo que hace oficio de esperanza
en esa consciencia vagabunda al acompañar colectivo de las revoluciones
del pensamiento. [...] En definitiva -dice Lacan-, la ciencia [...] olvida
[...] una dimensión de la verdad que el psicoanálisis pone
altamente en acción.» (Écrits, p. 869) [traducción,
subrayados y textos entre corchetes míos]
¿Cuál es esa dimensión de la verdad que La Ciencia descuida
y que el psicoanálisis pretende rescatar?
En relación con la verdad, una ciencia es o al menos pretende ser
un conocimiento positivo, esto es un saber discursivo demostrativo. En este
sentido se distingue de otras modalidades de discurso en el hecho de que
da siempre lugar a la propiedad de poder ser declarado “verdadero” o “falso”.
Sin embargo, Tarski mostró que ninguna teoría consistente puede
decidir su grado de verdad en sí misma, esto es autojustificarse.
Si una teoría T2 posee una definición de verdad para otra teoría-objeto
T1, sólo en T2 puede demostrarse, o mejor diríamos justificarse,
la verdad de T1. La verdad se revela entonces como una propiedad o predicado
“metalingüístico” de proposiciones de un determinado lenguaje.
La verdad no puede revelarse a nivel puramente sintáctico, sino que
comporta una semántica. Esta constatación nos da ya una primera
aproximación a la idea de que la relación entre el saber y
la verdad no puede hacerse directamente, es necesaria la mediación
de una Ley simbólica que organice el campo de la significación
que nos dé la función de verdad de ese saber.
¿Cómo podría corresponderse esta definición con
una definición de la verdad en psicoanálisis?
En primer lugar, si en este caso de lo que se trata es de la verdad del sujeto
en tanto causa material de su ser, efecto del significante, esta no podría
referirse a la verdad de los hechos que relata como referencia; y no se trataría
tanto de una adequatio rei et intellectus como de una adequatio intellectus
et intellectus, esto es del pensamiento consigo mismo y con los objetos de
ese pensamiento. Si lo que está en juego es la verdad del sujeto,
es decir una verdad que va más allá de las supuestas certezas
del Yo, y definimos el sujeto como lo que representa un significante para
otro significante, entonces hay que considerar que el metalenguaje del lenguaje-objeto
es el propio lenguaje en otro nivel, en Otro escenario –como dice Freud-,
de ahí que no pueda hablarse propiamente de metalenguaje, salvo en
términos relativos al propio lenguaje, se trata de lenguaje en el
nivel donde ça parle, el que corresponde a la idea lacaniana de que
el inconsciente está estructurado como un lenguaje, y así podemos
decir que en psicoanálisis una proposición es verdadera si
efectivamente dice lo que quiere decir y no otra cosa, esto es si como significante
se refiere a su sentido “manifiesto”. Pero he aquí el problema, pues
si el significante no puede significarse a sí mismo y se halla sobredeterminado:
¿su sentido es algo completamente decidible? Y si lo es ¿cómo
decidirlo? ¿cuáles son los parámetros de esa in-decisión?
¿De qué manera la verdad puede decir-se, aunque sea a medias?
El psicoanálisis descubre una res cogitans inconsciente que se manifiesta
a pesar del yo, que se impone al yo y que forma parte del sujeto (ello habla,
ello piensa, donde yo no es; ello es donde yo no piensa). Con ello se establece
una estructura que da cuenta del estado de división en que el psicoanalista
detecta al sujeto de, y en, su praxis, un sujeto que no podría identificarse
con su consciencia yoica sin una grave pérdida. El des-cubrimiento
de esta división comporta una subversión en la posición
del sujeto que va más allá de lo individual y que constituye
a su vez una subversión epistémica que sin duda debe incidir
en una teoría del conocimiento fundada hasta el descubrimiento del
psicoanálisis en una supuesta unidad del sujeto identificada con la
consciencia, con lo que llamamos su yo (el moi de Lacan) y en una cierta
desconsideración de la materialidad y de la autonomía del lenguaje
en la constitución del sujeto del conocimiento y de la realidad que
constituye su objeto de conocimiento. Ahora esa unidad del sujeto supuesta
en la teoría del conocimiento científico en tanto derivada
de una gnoseología general que se funda en el mismo supuesto aparece
más bien como una sutura de ese sujeto dividido o como lo que algunos
llaman una forclusión de su verdad.
¿Qué podría ser entonces una ciencia que incluyera al
psicoanálisis?
Así pues si el psicoanálisis no es una Ciencia pero puede y
debe serlo, nos encontramos con la cuestión que Lacan planteaba en
su resumen del Seminario XI (1964) sobre Los fundamentos del psicoanálisis,
redactado para la E.P.H.E. en 1965, afirma:
«Sigue siendo la cuestión que constituye nuestro proyecto fundamental:
la que va de ¿es el psicoanálisis una ciencia? a ¿qué
sería o qué podría ser una ciencia que incluyera el
psicoanálisis?»
Al plantearse ¿qué sería o qué podría
ser una ciencia que incluyera al psicoanálisis?, nos encontramos de
lleno en el problema no sólo de la teoría de la ciencia que
podría incluir al psicoanálisis en ella, sino con el problema
del estatuto de la teoría de la ciencia que tiene como objeto a la
propia ciencia.
Ya desde la primera sesión de su seminario sobre Los fundamentos
del psicoanálisis, Lacan señala que lo que caracteriza una
Ciencia no es ni una praxis, ni su objeto, ni el campo de fenómenos
que éste define (a través de los cuales ese objeto se representa),
ni la exclusión de la subjetividad del operador que caracterizaría
la objetividad en la aplicación de una técnica; sino la puesta
en fórmulas, es decir el grado de formalización. Pero esto
tampoco basta, es necesario que esta formalización se atenga a ciertas
condiciones; y la cuestión es: ¿cuáles son esas condiciones
y cuál es la relación de estas con el objeto en cuestión
que define el ámbito o dominio de aplicación de una ciencia?
La noción de matema de Lacan podemos interpretarla como un intento
de formalización de la teoría psicoanalítica en la medida
en que ello es posible; es decir como una escritura de su estructura y de
las estructuras que le interesan, el registro esquemático y transmisible
de ciertos invariantes asociados a la experiencia psicoanalítica y
que a su vez sirvieran al psicoanalista para operar en el sentido del acto
analítico.
La formalización no agota el objeto de la ciencia en cuestión,
pero es importante para situarse, orientarse económicamente en relación
con el tratamiento del objeto que determina el campo de aplicación
del psicoanálisis. En este sentido, y para referirnos por ejemplo
a uno de los tipos de estructuras que nos propone Lacan: las estructuras
topológicas, si nos referimos al penúltimo Seminario de Lacan:
La Topología y el tiempo:
«Pretendo amigos que hay, por una parte cierta correspondencia entre
la topología y la práctica analítica.»
podemos esquematizarlo así:
Psicoanálisis ‡ Topología
El símbolo ‡, podemos interpretarlo como lo que se conoce en lógica
como un relator diádico y corresponde al conjunto de las relaciones
lógicas entre los dos términos a su derecha e izquierda (Cf.
Écrits, p. 634, n.1)
«pero –continúa Lacan– a pesar de todo hay también una
hiancia entre el
psicoanálisis y la topología.»
es decir, que a la vez, tendríamos:
Psicoanálisis // Topología
El símbolo //, contrapuesto a ‡ es también un relator diádico
antinómico, en este caso de no relación entre los dos términos
en cuestión, dando cuenta de la hiancia entre los mismos. Podría
interpretarse como eso real que no cesa de no escribirse. Si ‡ habla de una
posible relación simbólica, // se refiere a lo imposible de
esa relación, al agujero de la estructura.
«Me esfuerzo en esto, pues permite orientarse en la práctica.
Y es que hay una isomorfía entre las estructuras que nos interesan,
que interesan al psicoanálisis y la topología.
»Y si es necesario orientarse en la estructura, para ello no hay como,
no hay nada mejor que el recurso a las estructuras matemáticas.»
siguiendo nuestra esquematización:
Estructuras psicoanalíticas o que interesan al psicoanálisis
‡ Estructuras matemáticas
Cuando Lacan habla de “isomorfía” o de estructuras matemáticas,
está utilizando un lenguaje preciso, técnico, que procede de
la matemática (Véase “La arquitectura de las matemáticas”
de BOURBAKI). Pero si la formalización de La Ciencia va en el sentido
de la exclusión del sujeto en la medida de su progreso. El psicoanálisis,
no sin ese paso de Ciencia del que emerge, va en el sentido de su reinclusión
-en un paso de ciencia- en la estructura. Y el trabajo de Lacan sobre una
ciencia formalizada como tal en un proceso de exclusión del sujeto
de la misma será el de restituir en su campo, y como un factor que
se halla en exclusión interna, ese sujeto excluido en el proceso de
formalización. Y lo hará en y con esa formalización
modificándola para incluir en ella el sujeto y lo real como efecto
de la estructura significante, con todo lo que eso conlleva. Pero esa operación
no va a dejar producir un sujeto dividido entre su saber y su verdad (lo
que simbolizamos como $) y un objeto que se pierde operando como causa de
deseo de ese sujeto (lo que denotamos como a), que daría cuenta de
aquello real de sí mismo que no cesa de no escribirse. Es de la no
relación entre ambos que surgirá como consuelo esa pantalla
de lo real que constituye el fantasma ($ ‡ a). Pero, ¿qué hemos
ganado en esa operación de formalización de la que trata de
dar cuenta Lacan? Algo fundamental, hemos logrado una escritura de la imposibilidad,
de la no relación entre lo real y lo simbólico, de la incompletud
irreductible inherente a toda Ciencia. Es esa incompletud la que hace imposible
la sutura del sujeto de la Ciencia y es de eso que nos ocupamos los psicoanalistas,
de lo que deberíamos ocuparnos “científicamente”
Esta concepción reconstruida de la revisión de Lacan
de la teoría freudiana me
llevó a pensar: ¿qué teoría contemporánea
de la ciencia podía ser más compatible con la posición
de Lacan? Y he aquí que me parece precisamente la que corresponde
al llamado estructuralismo científico o concepción estructural
de las teorías científicas y me sorprende que no suela hablarse
de ellas en la literatura psicoanalítica sobre el tema psicoanálisis
y ciencia. Aquí sólo puedo limitarme a una breve presentación
a desarrollar en futuros trabajos (1). Para mí se trata de leer con
la clave de lectura que aquí presento, las relaciones entre psicoanálisis
y ciencia en la obra de Lacan.
La concepción estructural de las teorías científicas.
Breve presentación
Este programa estructuralista está representado por una serie de autores
(SUPPES, SNEED, STEGMÜLLER, BALZER, MOULINES), que, podríamos
decir que recogiendo una tradición anterior en teoría de la
ciencia, llevan al extremo la idea de la Ciencia moderna que –como dice Lacan-
se reclama de la verdad tomada como causa formal. Estos autores que Lacan
no conoció, en general porque su trabajo es en buena parte posterior
a 1975 y no son autores de lengua francesa, pero de los que podríamos
encontrar antecedentes en lo que se ha llamado la escuela epistemológica
francesa que tiene sus orígenes en los trabajos de Meyerson, Duhem
y Brunsvicg, y en Bachelard, Koyré, Cavaillés, Lautman, Desanti
o Canguihem a sus representantes mayores, algunos de los cuales constituyen
referencias mayores de Lacan por lo que a la teoría de la Ciencia
se refiere. No puedo desarrollar aquí lo que aportan cada uno de estos
autores a esta concepción estructural
¿Qué hacen estos autores? Voy a exponerlo puntuando en una
serie de ítem lo que me parece esencial.
1) Realizan en primer lugar una ruptura fundamental con el fisicalismo reduccionista
cuya influencia se extiende como un ideal materialista (en un sentido de
materialidad que nosotros no compartimos) hasta nuestros días. Como
saben el fisicalismo para unificar la Ciencia pretendía, en última
instancia, reducir las diversas ciencias a la Física de acuerdo con
un ideal que tiene su origen en la Escuela de Helmholtz y que Freud más
o menos suscribió en su pretensión de hacer del psicoanálisis
una ciencia de la Naturaleza y aceptando prácticamente sin crítica
la visión científica dominante en su época. Los autores
en cuestión, sin renunciar al ideal de una Ciencia unificada,
no van a centrar ese ideal en la Física, sino en lo que podemos llamar
el formalismo estructural, en lo que serían las características
formales de la estructura de las teorías científicas. Análisis
estructural de las teorías que comporta como condición previa
un trabajo de axiomatización y de formalización de la teoría
en su estado informal, digamos una puesta en condiciones de la misma en vistas
a su análisis epistemológico.
2) En segundo lugar una segunda ruptura, no realizada por ellos, pero en
la que se alinean. Me refiero a su inscripción en el nuevo método
axiomático de Hilbert en oposición al método axiomático
clásico aristotélico-fregeano que ha dominado la escena científica
durante más de dos milenios y sigue haciéndolo. La polémica
entre Frege y Hilbert y el final, nada feliz, de Frege me parece paradigmático
en este sentido. Esa ruptura es fundamental y se produce esencialmente a
partir de una nueva concepción de la noción de axioma que logra
desprenderse de la colusión, por no decir el colapso, entre el enunciado
y la verdad semántica o empírica del mismo.
Desde el punto de vista hilbertiano, precedido por las nuevas geometrías
no euclídeas, los axiomas y los teoremas que conforman una teoría
axiomática no son ahora ni verdaderas, ni falsas, ni siquiera, deben
necesariamente tener un referente factual existencial. Una teoría
tomada en el plano sintáctico es válida o no en función
de su consistencia estructural, es decir si respeta ciertos principios lógicos
que la hacen no trivial, de ahí siguiendo a Popper, lo que podríamos
llamar el carácter en principio conjetural de toda teoría,
y que es lo que lleva intuitivamente a un desprecio bastante común
de ella, alimentado por el utilitarismo ambiente. Por otra parte, los enunciados
que conforman la teoría no se infieren por abstracción inductiva
desde las cosas particulares. En este sentido son paradigmáticos los
Elementos de Geometría de Euclides como ejemplo del método
axiomático antiguo promovido por Aristóteles en el libro de
los Analíticos posteriores de su Organon, e imprescindible cuando
de teoría de la ciencia se trata, y los Fundamentos de la Geometría
de 1899 de Hilbert que constituyen la primera plasmación de ese nuevo
método axiomático (2), así como el llamado 6º problema
fundamental a resolver para la fundamentación de las ciencias.
3) En tercer lugar una extensión del programa Bourbaki, para las ciencias
formales lógico-matemáticas, a las ciencias factuales (así
lo declara explícitamente Stegmüller en su libro acerca de La
concepción estructural de las teorías (1979). Esta extensión
la hacen a través de una reconstrucción axiomática,
formalizando adecuadamente las teorías en estado informal de manera
acorde a la teoría de conjuntos y de estructuras de la matemática
moderna sistematizada por el grupo Bourbaki en sus Elementos de matemáticas,
a través del llamado predicado conjuntista de Suppes.
4) La teoría de la verdad a que van a referirse es la teoría
de Tarski, ampliada y matizada por algunos autores posteriores, ya me he
referido a este aspecto.
5) Una serie de modificaciones en cuanto a la justificación de la
teoría y su método de contrastación en cuanto aplicada
a los objetos de la realidad.
6) El señalamiento de una hiancia entre la teoría, cuyo rigor
procede de la idealización de lo real que la constituye, y su aplicación
a los casos factuales que constituyen lo que llaman su base empírica,
necesariamente serán un modelo parcial de la misma.
7) A partir de ahí ¿cómo conciben estos autores el elemento
teórico mínimo que permite hablar de una teoría científica?
Una teoría científica T consta de un núcleo K que proporciona
la teoría axiomática de la estructura; un dominio de aplicación
I que hace de los objetos que responden a esa estructura modelos parciales
de la teoría con los que se contrasta el valor de verdad de aquella,
en cuanto aplicada a estos; y una regla de correspondencia entre ellas o
función de aserción empírica, R. Esquemáticamente
tenemos, pues:
T = <K, I, R >
Cada uno de estos puntos requeriría un desarrollo que aquí
no es posible hacer, y del que en todo caso se puede debatir.
Hasta aquí me he referido a una teoría de la Ciencia que Lacan
a mi entender intuyó de algún modo avant la lettre, pero que
no llegó a conocer dado el precario desarrollo en que se hallaba la
misma mientras Lacan vivía. Del otro lado estos autores tampoco conocen
el psicoanálisis contemporáneo que yo identifico en el lacanismo.
Balzer (3) es el único autor que hace un intento de axiomatización
y formalización estructural de la teoría psicoanalítica
freudiana tal como figura en los Estudios sobre la histeria, y apoyándose
en dos de los casos de ella, pero al respecto este trabajo suyo tiene el
mérito de proporcionarnos indicaciones preciosas para una futura formalización
estructural.
¿Qué puede aportar el psicoanálisis contemporáneo
a la teoría estructural de la Ciencia que incluya algo que esta excluye
y que impide que pueda incluirse el psicoanálisis en su campo?
Dicho esto ¿qué puede introducir el psicoanálisis en
esa teoría de la Ciencia? ¿Cómo reintroducir en la ciencia
y en el psicoanálisis: en la ciencia a través del psicoanálisis
y en el psicoanálisis a través de la ciencia, eso que la Ciencia
excluye en tanto esta sólo se ocupa –al decir de Lacan- de la verdad
como causa formal?
En primer lugar una crítica de la noción de materialidad como
sustancia, subvertida por la noción de materialidad del significante,
y, por extensión, de lo simbólico. A partir de ahí Lacan
nos da una clave, que me parece orientativa, en su escrito acerca de “La
Ciencia y la Verdad”: Después de decir que en la ciencia, en oposición
a la magia y a la religión el saber se comunica, es transmisible exotéricamente,
con x, podemos leer:
«[...] la forma lógica dada a ese saber [el conocimiento científico]
incluye el modo de la comunicación como suturante del [suturando al]
(suturant le) sujeto que él [dicho saber] implica [es decir al sujeto
dividido por el efecto significante entre el saber y la verdad]. Tal es el
primer problema que suscita (soulève) la comunicación en psicoanálisis
El primer obstáculo a su valor científico es que la relación
con la verdad como causa, bajo sus aspectos materiales, ha quedado desatendida
[ha permanecido descuidada] (est restée négligée) en
el círculo de su trabajo.» (Ibid., p. 877) [los subrayados son
míos]
Obsérvense dos cosas: 1) La primera, la paradoja de que lo que obstaculiza
el valor científico del psicoanálisis es lo mismo que ha quedado
desatendido en la Ciencia, y por consiguiente lo que obstaculizaría
el valor científico de la propia Ciencia, su valor de verdad, es lo
mismo que obstaculiza el valor científico del psicoanálisis.
Es por eso que si sigo a Lacan, y lo sigo en esto, digo que el psicoanálisis
reclama un paso de ciencia a la propia ciencia para que ésta y también
el propio psicoanálisis esté a la altura del espíritu
que la gobierna, y para eso «es [condición necesaria] radical
una modificación en nuestra posición de sujeto.»
2) La segunda ¿es posible dar una forma lógica al saber científico
que restituya el sujeto que él implica? Me parece que este es el desafío
que nos propone Lacan y eso pasa por la formulación de una lógica
modificada en una topología del sujeto, en cuya formulación
queda todavía mucho trabajo por hacer.
Prudente conclusión
Dicho esto y para concluir hay que recordar que estamos en el ámbito
del saber y estar en el ámbito del saber hace insoslayable la división
de éste con la verdad que constituye la división del sujeto
singular en causa en toda experiencia analítica, experiencia que no
hay que confundir con la teoría vinculada a la misma, que es lo formalizable
y cientifizable de ella. Por ello, como dice Lacan en “Subversión
del sujeto”:
«Si nuestra [...] referencia [...] al sujeto abolido de la ciencia
da el esclarecimiento necesario para formular en su verdadero alcance la
función del psicoanálisis: entrada de la verdad en el campo
de la ciencia, con el mismo paso con que se impone en el campo de su praxis:
reprimida, ella retorna en él.
»[...] he aquí algo que resulta tan importante regular como
la consolidación en él de buen grado de su nesciencia en cuanto
a cada sujeto que viene a él en análisis, de su ignorancia
siempre renovada para que ninguno sea un caso.»
(LACAN, J., “Subversión del sujeto...”, en Écrits, p.
798 y 824) [Traducción y subrayados míos]
NOTAS
(1) Para una ampliación de la concepción estructural de las
teorías científicas véase mi trabajo: “Teoría
de la Ciencia: las concepciones semánticas y estructuralistas” (puede
encontrarse en la Web: www.auladepsicoanalisis.com)
(2) En cuanto a la ruptura que comporta el método axiomático
de Hilbert véase mi trabajo: “La concepción estructural de
las teorías científicas” (asimismo en la Web: www.auladepsicoanalisis.com
)
(3) Cf. BALZER, W. (1982), “El modelo de la teoría freudiana”, en
Teorías empíricas: Modelos, estructuras y ejemplos, Alianza,
Ed., cap. 1, p. 21-77.