La escritura en Henrik Ibsen
Ensayo psicoanalítico
Françoise Decant
París, Eres. Coll. Arcanes,2007
A comienzos del siglo pasado el descubrimiento del psicoanálisis por Freud provocó un giro copernicano en la historia del pensamiento humano. Esta preciosa invención pudo producirse gracias a un ambiente cultural particular que reinaba en aquella época en Europa y en Viena. Extraordinariamente permeable a las influencias de los escritores, pintores, dramaturgos, filósofos así como de los científicos e investigadores de diferentes campos, Viena encendió la chispa que, captada por el genio de Freud, permitió echar luz sobre el vínculo entre el síntoma y lo inconsciente. La audacia de Freud fue bucear en ese torbellino de producciones intelectuales y artísticas para fundar sus teorías sobre el complejo funcionamiento del psiquismo humano, al que considera íntimamente ligado a la sexualidad. Una de las fuentes, directas o indirectas, que han inspirado a Freud ha sido ciertamente la obra de Henrik Ibsen, poeta, escritor y dramaturgo noruego, que a su modo, supo observar los procesos engimáticos del deseo y su relación con lo inconsciente. Al igual que la obra de Freud, la de Ibsen provocó el escándalo con su aparición, para luego encontrar, gracias a la fuerza del mensaje que deja entrever, un reconocimiento confirmado en nuestros días. Esta obra, y el contexto efervescente en que se produjo es lo que interroga con pertinencia el libro de Françoise Decant.
La autora aborda con vivísimo interés el abundante trabajo de Ibsen (éste escribió 25 piezas de teatro) a través de los efectos que su obra suscita en el mundo analítico y también en el de los escritores. Desde las primeras páginas, F. Decant logra conducir al lector, con entusiasmo, en un recorrido por el medio que acoge y defiende la obra teatra., en su época violentamente atacada, de Ibsen. En la complejidad de la intriga teatral de Ibsen, F. Decant buscará las relaciones entre las cuestiones exploradas por este autor y las que preocupaban a los psicoanalistas. Hay que decir que los hilos que llevan hacia los engranajes de lo inconsciente son numerosos, tanto en la obra como en la vida de Ibsen. F. Decant los toma en su riqueza y en su multiplicidad, en sus entrecruzamientos. Así, en lugar de ver en las piezas de Ibsen un formidable e intrépido enredo, intentará sacar a la luz el “sabio anudamiento” que las sostiene, aportándonos comentarios, lecturas, puntos de vista de numerosos contemporáneos de este autor cuya transgresión artística suscitó un cuestionamiento y un asombro sin par. Así, por ejemplo, todo un capítulo de este libro será consagrado al encuentro de James Joyce con lo que éste denominó “el espíritu de Ibsen”, capítulo que por sí sólo vale la lectura atenta de esta obra.
En las páginas siguientes F. Decant nos introduce en las discusiones que animaban Freud y sus discípulos con la esplédida frescura de los primeros debates psicoanalíticos. Encontraremos la posición de Freud, que lamenta no poder leer a Ibsen en su lengua, y también la de Groddeck, la de Otto Rank, y de otros numerosos intelectuales intrigados por el enigma ibseniano.
Pero F. Decant no es una simple visitante, una comentadora de los paralelos entre lo inconsciente de los escritores, ibseniano, y lo inconsciente freudiano. Su libro tiene el mérito de ir más lejor en las cuestiones que conciernen a las teorías psicoanalíticas y a la articulación de sus conceptos a partir de la escritura de Ibsen. Con toda evidencia, esta escritura ha jugado, como lo demuestra muy finamente la autora de este ensayo, un rol vital para el dramaturgo, un rol que Lacan ha designado como el “ sinthome” , uno de los posibles anudamientos del Nombre del Padre, refiriéndose a la obra de James Joyce.
“Su necesidad de escritor se inscribió por una necesidad interior: no tenía elección”, escribe F. Decant hablando de Ibsen (pág. 21).
A propósito de la “escritura como síntoma”, F. Decant escribe: “Creación del sujeto, el síntoma, como formación de compromiso, anudando el goce y su prohibición, también tiene que ver con la función paterna, y con la cuestión de la simbolización. El poeta tejerá su síntoma sobre el fondo de un trabajo encarnecido, de una verdadera labor, de un “exsudado” para retomar el término de Lacan. La tarea no es pequeña, pues concierne a la metaforización del Nombre del Padre... Y nos parece que a esta tarea Ibsen había dedicado su vida por medio de su trabajo de escritura, tratando de rehacer un nudo que se aflojaba peligrosamente...” (pág. 15)
Con el punto paradójico de la cuestión paterna en el centro de su obra, entre Eros y Tánatos, Ibsen suscitó la censura, la polémica, la discusión, pero también el diálogo.
Entrando en este verdadero laberinto de interrogantes, la autora nos invita a explorar a la luz de las contribuciones psicoanalíticas contemporáneas, como la de Gérard Pommier y su trabajo sobre lo Real que posiciona el Nombre del Padre en su distinción de los nombras del padre, precisión fundamental en lo que se refiere a la estructura.
F. Decant, procediendo a un desciframiento minucioso de las creaciones de Ibsen, nos muestra hasta qué punto el deseo humano debe tomar caminos inexplorados e inhabituales para encontrar su afirmación y que justamente en esos puntos que nos parecen opacos y extraños es donde puede revelarse.
En el origen de la obra de Ibsen, está el “continente negro” de lo femenino, con el cual llega el escándalo en tiempos de Freud, y su corolario la problemática paterna. En el centro de nuestra postmodernidad, el surgimiento de la pregunta de la mujer plantea al mismo tiempo la pregunta “¿Qué es un padre? Y veremos que ya en sus comienzos las corrientes de la comunidad psicoanalítica se separarán en torno a esta problemática tan esencial como delicada para el avance de nuestra disciplina.
Goraba Bulat-Manenti
Traducción: Graziella Baravalle