Consideraciones sobre la cientificidad del psicoanálisis
Marcelo Edwards
Breve recorrido epistemológico
Leyendo las obras de los epistemólogos del siglo pasado, se puede
constatar que hay muy pocos que hayan dicho algo sobre el psicoanálisis
y que además todos carecían de competencia respecto de nuestra
disciplina.
Según parece no todos los miembros del círculo de Viena compartían
las opiniones de Nagel y Popper sobre la no cientificidad de la misma: Carnap
y Frank pensaban que tal vez podía llegar a ser una ciencia. El primero
apoyaba en 1932, el intento de Neurath de reformular la teoría freudiana
en términos fisicalistas. (1)
Popper por el contrario, consideraba que el psicoanálisis pertenecía
al ámbito de la metafísica, y que la experiencia clínica
que los analistas aducen como prueba de sus teorías no tendría
más valor predictivo que las de los astrólogos. (2)
Era un convencionalista como Duhem, aunque con una posición diferente.
El convencionalismo se distingue del inductivismo verificacionista porque
éste último sostiene que las proposiciones factuales (observacionales
o básicas) son las que promueven nuevas teorías por vía
inductiva. Es lo que Popper califica de empirismo ingenuo, porque no hay
enunciado básico que no esté condicionado de una forma u otra
por las conjeturas teóricas, pero sobre todo porque no es posible
obtener teorías que tengan una validez universal (aunque sea provisional)
partiendo de casos singulares: habría que repetir la experiencia hasta
el infinito.
Por otra parte, a diferencia de los inductivistas, Popper pensaba que las
ideas metafísicas o los mitos –que siempre han acompañado el
desarrollo científico- cumplen una función de estímulo
para la elaboración de conjeturas que luego pueden ser sometidas a
la experimentación.
Para Duhem, tanto las conjeturas como las proposiciones básicas dependen
de las convenciones de los expertos de cada disciplina.
Para Popper en cambio, los enunciados factuales tendrían que servir
para poder plantear la refutabilidad de las conjeturas teóricas –que
sólo serían científicas si cumplieran con esa condición-.
La selección de las proposiciones básicas (singulares) que
pueden cumplir con esta función dependería de la convención
de los expertos –por eso se lo considera un convencionalista-. Pero no así
las conjeturas, cuya validez universal (aunque provisional) dependería
de haber superado los tests científicos.
Los experimentos cruciales serían aquellos que permiten la sustitución
de una teoría por otra a partir de la refutación, y cada disciplina
debería poder plantear previamente las condiciones de refutabilidad
de sus teorías.
No obstante, Kuhn mostró que la actividad habitual de la ciencia no
pasa por este ideal, y que los científicos, salvo en los escasos momentos
en que se produce una revolución científica -en que un paradigma
reemplaza a otro- tienden a desarrollar aspectos parciales de las teorías
aceptadas y a centrarse en la verificación de los resultados. (3)
Por otra parte, Lakatos (4) que es convencionalista como Duhem y Popper
hace una propuesta diferente. Su metodología de los programas de investigación
científica constituyen una heurística positiva (y no negativa
como la de Popper). Como Duhem entiende que tanto las construcciones teóricas
como los enunciados factuales dependen de las convenciones entre expertos.
Según él los programas no pueden ser refutados de un sólo
golpe. Podrían seguir desarrollándose a pesar de las anomalías,
y su reemplazo por otro nuevo se produciría después de un tiempo
más o menos largo en que programas rivales pueden coexistir. Además
sólo se podría establecer a posteriori que un experimento ha
sido crucial para producir el reemplazo de un programa por otro –cosa inaceptable
para Popper-.
Respecto de las ideas metafísicas y los mitos, va aún más
allá que éste último, puesto que para él no serían
sólo un factor externo fuente de conjeturas, sino que formarían
parte de la trama misma de las articulaciones científicas, como algo
necesario.
La sustitución de un programa por otro no vendría dada por
la refutación sino por el hecho de que el nuevo tendría mayor
valor predictivo que el anterior -que habría ido quedando estancado-.
Entre las condiciones de aceptación o rechazo estaría la proliferación
de las hipótesis ad hoc –habitual en el campo de las ciencias sociales-.
Finalmente, Feyerabend (5), está en contra de la existencia de una
metodología o teoría de la ciencia que establezca normas que
luego los científicos tendrían que seguir, puesto que la experiencia
de la historia de las ciencias muestra que la investigación que obtiene
logros no obedece a reglas generales. En un caso reposa en un artificio,
en otro caso, en otro artificio, y los científicos no conocen de antemano
lo que sucederá.
La ausencia de normas “objetivas” no hace más fácil su tarea,
puesto que tendrán que verificar todos los aspectos del tema que les
interesa. Por otra parte, ideas que en un momento fueron consideradas absurdas,
en otro produjeron un progreso.
Para él –como para Kuhn- las leyes lógicas mismas requerirían
un análisis cuidadoso, puesto que las circunstancias, es decir el
objeto científico, pueden obligar a cambiarlas.
No obstante, todos los epistemólogos, insisten tanto en la consistencia
lógica entre las proposiciones factuales y las conjeturas teóricas,
como en su testabilidad mediante la experimentación.
En el campo psicoanalítico
Freud nunca dejó de pensar que el psicoanálisis se inscribía
en el campo de las ciencias. Por su parte, Lacan se interesaba ya en esta
cuestión, desde el discurso de Roma:
“Si el psicoanálisis puede devenir una ciencia –porque aún
no lo es-, y si no debe degenerar en su técnica –y eso tal vez ya
está hecho- debemos reencontrar el sentido de su experiencia.” (…)
“El psicoanálisis jugó un rol en la dirección
de la subjetividad moderna y no sabría sostenerlo sin ordenarlo en
un movimiento que lo elucide en la ciencia. Allí está el problema
de los fundamentos que deben asegurar a nuestra disciplina su lugar entre
las ciencias: problema de formalización, a decir verdad muy mal encauzado”.
(6)
Para él, los psicoanalistas en tanto que practicantes de la función
simbólica, habrían de estar en el centro de un movimiento que
busca instaurar un nuevo orden de las ciencias a partir de un retorno a la
noción de ciencia verdadera que tiene su origen en el Teeteto de Platón.
El positivismo habría degradado esta noción de ciencia, a partir
de una visión equivocada de la historia de la ciencia, fundada en
el prestigio de un desarrollo especializado de la experiencia. Las ciencias
conjeturales retomando esa noción de ciencia de siempre, podrían
revisar la clasificación de las ciencias que se sostiene desde el
siglo XIX, y eso haría posible instaurar un nuevo orden a partir de
una teoría general del símbolo, en la que las ciencias del
hombre ocuparían un lugar central en tanto que ciencias de la subjetividad.
Pensaba que no tenía sentido seguir oponiendo las ciencias conjeturales
a las ciencias exactas dado que la exactitud se distingue de la verdad, y
la conjetura no excluye el rigor. La ciencia experimental extrae su exactitud
de las matemáticas, pero éstas pueden servir también
para simbolizar un tiempo distinto que el del reloj: vale decir, los tiempos
lógicos que estructuran la acción humana.
El tema es retomado en La ciencia y la verdad:
“ …si uno capta que una paranoia lograda parece ser también la clausura
de la ciencia…si por otra parte se reconoce que el psicoanálisis es
esencialmente lo que reintroduce en la consideración científica
el Nombre del padre…” (7)
Lacan sostiene que el psicoanálisis al ocuparse del sujeto de la ciencia,
se interesa en la causa material, el significante, en tanto que separado
de su significación. Lo que especifica al falo como significante copulatorio
es su carácter literal.
Este sujeto, a su vez, se encuentra dividido en relación al objeto
a minúscula, respecto del cual está en una relación
de exclusión interna (banda de Möbius), cosa que pone en tela
de juicio al sujeto del conocimiento.
El Nombre del padre y la función fálica, introducen un cuestionamiento
radical de los presupuestos de la lógica formal en la que se sustenta
el conocimiento científico.
La ciencia que se interesa en la verdad bajo su aspecto de causa formal,
da una forma lógica a la comunicación de su saber, suturando
así al sujeto que ella implica. Conocimiento sin memoria, nada
quiere saber de la verdad como causa material, lo que lleva a pensar en la
forclusión.
No obstante esta tentativa de sutura ha sido puesta en cuestión por
el último teorema de Gödel, de allí que la lógica
moderna pueda ser definida de manera negativa por el impasse de ese intento
de sutura. Por ello, el sujeto permanece como el correlato antinómico
de la ciencia moderna.
Según él, hay algo en el estatuto del objeto de la ciencia
que permanece como no elucidado desde que esta nació, y por ello,
la cuestión de si el psicoanálisis es científico o no,
no se podría resolver hasta que se modifique el estatuto de la ciencia
como tal.
Esta idea parece presidir también lo que dice más adelante
en L’Étourdit:
“…del discurso psicoanalítico…Lo recuerdo, que es por la lógica
que ese discurso toca a lo real al encontrarlo como imposible, en lo que
es ese discurso el que la lleva a su potencia última: ciencia, he
dicho, de lo real”. (8)
Esto implica una inversión del problema, puesto que no
sería
el psicoanálisis el que tendría que adaptarse a los
criterios
de cientificidad del positivismo lógico, sino que
llevaría
a la lógica “a su última potencia”. En la
Nota italiana, la
cuestión se
precisa:
“Hay un saber en lo real. Aunque no sea el analista, sino el científico
quien tiene que darle un lugar. El analista da lugar a otro saber, en otro
sitio, pero que debe tener en cuenta al saber en lo real. El científico
produce saber, a partir del semblante de hacerse sujeto del mismo.” (…)
“El saber en juego (para los psicoanalistas)…es que no hay relación
sexual, relación entiendo, que pueda ponerse por escrito. (…)
“Sin intentar esa relación con la escritura, no hay
en efecto
medio para llegar a lo que al mismo tiempo yo planteaba de su
inex-sistencia
propuesta como una finalidad por donde el psicoanálisis se
igualaría
con la ciencia: a saber, demostrar que esa relación es imposible
de
ser escrita, o sea que es por ello que no es afirmable ni refutable: a
título
de la verdad. Eso tiene por consecuencia que no hay verdad que se pueda
decir
toda, incluso esta porque a ésta no se la dice ni poco ni
suficiente.
La verdad no sirve a ninguna otra cosa más que para hacer sitio
allí
donde se denuncia este saber. Pero este saber no es nada. Porque de lo
que
se trata, es que accediendo a lo real, lo determina tanto como el saber
de
la ciencia. Naturalmente este saber no está del todo cocido.
Porque
es necesario inventarlo.”
(9)
Lacan intentará responder a su propia propuesta: demostrar lo imposible
de escribir de la relación sexual, para igualar al psicoanálisis
con la ciencia. Quizás pensara en lo que Gödel había demostrado
respecto de la aritmética: su incompletud.
Para ello, construirá una lógica modal modificada con la que
abordar la sexuación del ser hablante (10), en la que el padre simbólico
ocupa la función de la excepción, fundando el universal de
la castración del lado masculino, siendo indecidible y contingente
la cuestión de la feminidad por la negación de la excepción
fundante de su lado, cosa de la que se deduce la imposibilidad de la relación
sexual.
Pero también tratará de articular la cuestión
del deseo, de las identificaciones, de los goces, del síntoma, de
la inhibición y de la angustia, a través del nudo de cuatro
consistencias (11) explicitando además que el Edipo freudiano, es
lo que él denomina Nombre del padre.
Esto lo lleva a decir lo siguiente en el seminario sobre El sinthoma, después
de aclarar que el Edipo es un síntoma:
“Es en la medida en que hay sinthome que no hay equivalencia sexual,
es decir que hay relación. Porque es seguro que si decimos que
la no-relación proviene de la equivalencia, es en la medida en que
no hay equivalencia que se estructura la relación. Hay entonces a
la vez relación sexual y no relación. Allí donde hay
relación, es en la medida en que hay sinthome.” (12)
En todo caso, podemos apreciar en la obra de Lacan, tres preocupaciones centrales:
a) rescatar el Edipo y la castración freudianos que estaban
quedando de lado en el movimiento analítico tanto como resortes explicativos
de los síntomas que como conceptos operatorios en la praxis;
b) hacer que las ciencias se interesen en el Nombre del padre y la
función fálica en cuanto a los determinismos que ésta
introduce en la subjetividad, y
c) establecer una escritura lógica y topológica apropiada
de aquello que lo inconsciente pone de relieve constantemente, es decir la
no relación sexual. (13)
Conclusiones
El psicoanálisis participa del espíritu científico (14),
y eso implica un abordaje racional y crítico de los fenómenos
de su campo, y se distingue –como la ciencia- de la metafísica, la
religión o la magia.
Nuestra praxis discursiva se ocupa del sujeto del inconsciente dividido por
su inscripción significante en el campo del Otro, de su relación
con las distintas formas de goce (fálico, del Otro, Otro goce), y
de los efectos sintomáticos que dichas relaciones comportan.
La cuestión del fundamento científico de la misma, depende
en parte de la corriente epistemológica en la que uno se ubique. Nada
impide a priori que se la inscriba en tanto que disciplina conjetural y empírica
en una orientación como la que Lakatos y Feyerabend proponen –aún
con sus diferencias-.
El psicoanálisis no es una ciencia experimental, pero es posible recoger
los testimonios –tanto de los analizantes, como de los analistas- de la experiencia
clínica para verificar y/o refutar las teorías que se van proponiendo.
Los programas de investigación en nuestro campo se desarrollan en
niveles diversos que van desde la clínica hasta las elaboraciones
lógicas y topológicas, aunque en muchas ocasiones estas aportaciones
son fragmentarias y no articulan un nivel con el otro.
Sería necesario profundizar en los fundamentos de este orden, ver
si son pertinentes para sostener nuestro edificio conceptual, y en su defecto,
mejorarlos o sustituírlos, tal como han hecho Freud y Lacan a lo largo
de su recorrido.
Pero además hace falta establecer ciertos criterios comunes para evaluar
y contrastar los resultados de la experiencia clínica, para que éstos
puedan ser articulados en términos lógicos y topológicos.
(15)
Cada una de las estructuras y tipos clínicos, implican una
manera
específica de negar y defenderse respecto de lo real imposible.
Cada
uno de ellos implica una modalidad propia de esa pulsación que
es
la apertura y el cierre de lo inconsciente. La solución que el
sujeto
encuentra en la cura respecto al saber hacer con el síntoma es
algo
singular, pero eso no impide el poder establecer una clínica
psicoanalítica
específica que articule los determinismos estructurales, ni
tampoco
que se puedan ordenar diferentes series de esas soluciones
singulares.
Quisiera terminar señalando que además sería conveniente
abordar la cuestión de la comunicación de los resultados –a
diferenciar de la de la transmisión-, y del debate sobre los mismos,
puesto que sobre todo esto último, es poco frecuente.
Marcelo J. Edwards Pecoraro
Barcelona, Julio 2005
Bibliografía
(1) L’a-scientificité de la psychanalyse,
T2, Joël Dor, 1988. Editions universitaires.
(2) Conjeturas y refutaciones, Karl Popper, 1963.
Ed. Paidós.
(3) La tensión esencial, Thomas Kuhn, 1977,
Fondo de Cultura Económica.
(4) Historia de la Ciencia y sus reconstrucciones
racionales, Imre Lakatos 1974, Ed. Tecnos.
(5) Adieu la raison, Paul Feyerabend, 1987, Ed.
du Seuil.
(6) Fonction et champ de la parole et du langage
en psychanalyse, J. Lacan, 1953, T1, Ed. Essais.
(7) La science et la vérité,
Jacques Lacan, 1965, T2, Ed. Essais.
(8) L’étourdit, Jacques Lacan, 1972
, Autres écrits, Ed. du Seuil.
(9) Note italienne. Autres écrits,
Jacques Lacan, 1973, Ed. du Seuil. Paréntesis y negrillas son mías.
(10) Le savoir du psychanalyste, J. Lacan, 1971-72, séminaire
inédit, et Encore, 1973, Ed. du Seuil.
(11) R.S.I., 1974-75, Jacques Lacan, séminaire
inédit.
(12) Le Sinthome, Jacques Lacan, 1975-76, séminaire
inédit, 17-02-76. Las negrillas son mías.
(13) La logique du fantasme, Jacques Lacan, 1967-68 séminaire
inédit, 19-04-67.
(14) Le nouvel esprit scientifique, Gaston Bachelard,
1934, Ed. Puf.
(15) L’a-scientificité de la psychanalyse, T2,
Joël Dor, 1988. Editions universitaires.