La ciencia y el psicoanálisis ante lo real
Jorge Gómez Alcalá
No hay nada más exacto y objetivo que el conocimiento científico
según los diferentes puntos de vistas que dan los mismos científicos
y aceptado por el llamado sentido común.
Las tesis epistemológicas se apoyan en tres pivotes que me parecen
importantes: el hecho natural, una cierta pereza y pasividad critica del
pensamiento, y en la intuición sensible.
Estos argumentos “científicos” se nos imponen tratando de hacernos
creer que el conocimiento que aporta la ciencia es algo bastante parecido
a una fotografía de la realidad o a una copia o calco pasivo de las
características intrínsecas de los diferentes fenómenos.
Esta imagen nos oculta que la ciencia es en realidad una producción,
una construcción que realizan los hombres y no una simple y llana
constatación de lo pre-establecido.
La ciencia es, y esto es fácil de deducir, un efecto y una consecuencia
del pensamiento platónico.
Su exactitud, su supuesta certidumbre, no son otra cosa que la negación
flagrante de la falibilidad, de la imposibilidad de lograr una seguridad
definitiva y de lo contingente que subyace a toda experiencia de conocimiento
que se encuentre comprometida con el deseo y el devenir humano.
De esta manera podemos darnos cuenta de que la ciencia es el resultado de
una determinada manera de objetivación que consiste en ordenar y organizar
los objetos, de capturar sus leyes de funcionamiento y especialmente sus
repeticiones, haciendo desaparecer de nuestra percepción todo aquello
que se nos presenta caóticamente y que inevitablemente queda fuera
del campo.
La ciencia no señala cómo son los hechos, cómo suceden
las cosas, sólo nos muestra el comportamiento ideal de leyes que en
la realidad nunca se dan aisladas.
Estas leyes científicas nunca surgen de una lectura simple e inmediata
de las formas de comportamiento de lo Real.
La ciencia no dice lo Real, sino que lo explica, o al menos eso intenta,
por medio de teorías.
No surge de la simple e ingenua observación sino que implica siempre
la existencia de supuestos previos que son puestos a contrastar por vía
de la experiencia.
Pero lo fundamental es que la ciencia implica apelar a teorías.
La observación no es neutral y objetiva, se capta de forma diferente
de acuerdo a los supuestos que ordenan la mirada de cada investigador.
Por lo tanto, a paradigmas diferentes corresponden empirias diferentes que
establecen categorías disímiles en relación a los mismos
objetos del mundo que tomamos de referencia.
De aquí que no exista un lenguaje neutro que pudiera remitirnos directamente
a lo Real para así resolver diferencias que surjan o crear las condiciones
de una comunicación fluida.
La consecuencia se nos hace evidente: dos teorías no pueden resolver
con argumentos sus diferencias porque sus protocolos de validez no son homologables.
De esto se deduce que no existe “el” método científico, pues
éste depende de su objeto específico y éste varia en
cada caso.
Las ciencias no comparten un método (aunque esto les duela a los positivistas),
sino la rigurosidad metódica.
Las teorías científicas no están comprobadas, en tanto
son imposibles de comprobar. Siempre nos podríamos encontrar en el
futuro con un contraejemplo.
Se puede establecer una teoría como falsa, y hay multitud de ejemplos
de ello, pero es imposible demostrarla verdadera.
Someter a las teorías a la contrastación de la experiencia
es indudablemente necesario, pero no nos permite validarla aunque pase la
prueba.
Incluso podría darse que existieran varias teorías verdaderas
sobre el mismo objeto. Y esto es así porque la ciencia no progresa
linealmente, sino por rupturas.
Una nueva teoría habitualmente plantea un corte, una discontinuidad
con la anterior.
Una teoría científica no se cae por un contra ejemplo. Si nos
alejamos de la imaginería experimentalista se puede mostrar que una
teoría resiste casos adversos hasta tanto exista otra mejor
que sea capaz de resolverlos.
Ninguna teoría cae hasta que exista otra que la sustituya, por lo
cual una teoría se sostiene mientras sus contraejemplos sean escasos
y siga siendo útil para resolver los problemas que nos plantea
la investigación.
Los científicos son personas ligadas a la resolución de problemas
concretos de investigación que suelen ser absolutamente inconscientes
de los supuestos teóricos de su actividad.
Sin embargo, la mayoría cree habérselas directamente con la
realidad y no asumen o no quieren asumir estar mediados por supuestos conceptuales
específicos.
El científico no es un desinteresado buscador de verdades sino un
sujeto concreto y multicondicionado que busca, en primer lugar, legitimarse
dentro de la comunidad científica. Las tomas de distintas posiciones
en el campo del conocimiento se ven afectadas por situaciones de contexto
ajenas a lo científico mismo, de lo cual el científico no es
consciente.
La ciencia está relacionada con la dominación y el poder, con
intereses específicos que condicionan su tipo de perspectiva o con
necesidades pragmáticas del aparato político y económico.
No descubrimos nada con esto que digo pues hay multitud de autores que han
trabajado profundamente el tema.
Lo cierto es que la ruta positivista que puebla la mentalidad de nuestros
científicos está lejos y se desvía de la objetividad
y neutralidad que tanto pregonan.
Ahora bien, en lo que a nosotros nos toca, ¿Qué hay de Real
en la experiencia psicoanalítica?
En nuestras propias teorías e investigaciones comprobamos que el significante,
la palabra, en tanto tal, empuja o pulsiona hacia una significación
pero no nos la entrega.
De allí que el corte, lo que denominamos escansión, forme parte
muy importante del acto del analista.
El corte analítico consiste en no admitir que la significación
que el significante no nos entrega venga a ser rellenada con otros significantes
o significaciones que se proponen en sustitución de la significación
que falta.
Que se produzca un desvío del sentido.
Por este camino el psicoanálisis aísla el significante, lo
empuja hacia lo Real, lo fuerza a mostrar que el efecto inconsciente que
ejerce sobre el sujeto es anterior y exterior al campo de la significación.
El significante, en lo Real, opera justamente porque no tiene el sentido.
Su interacción con otros significantes añade otro sentido distinto
que sirve para ocultar lo esencial: que él opera en el más
completo sin-sentido.
Analizarse nos lleva a entender que el significante no es bueno para hacerse
entender, sino que es útil solamente para expresar el síntoma,
ya que el síntoma responde a la estructura misma del lenguaje, impidiendo
la significación.
Es por eso que Lacan sostuvo que el síntoma es lo único que
conserva un sentido en lo Real.
Lo cual nos lleva a pensar que de lo que se trata no es lograr que lo escuchen
y entiendan otros, (tarea imposible), sino de expresar que no se entiende,
que no se escucha su goce del significante que está en lo Real y que
éste está allí porque no cumple su función de
significación.
Por eso el síntoma se convierte en nuestra referencia clínica
fundamental, permitiéndonos situar la orientación particular
que cada sujeto encontró para su vida. Esta orientación del
síntoma es la orientación de lo Real, la orientación
del significante excluido, por un lado del campo de la significación
y por el otro del sentido.
Como nos dice Lacan, lo Real es lo que no tiene sentido y sin embargo encuentra
en el síntoma un representante en el campo del sentido. Y vaya si
se hace oír.
El síntoma es lo que viene de lo Real.
Lacan no creía en el progreso. En ningún tipo de progreso.
Por eso siempre vuelve sobre sus pasos. Tal vez también por eso disolvió
su escuela.
En “La tercera” vuelve sus pasos hacia lo dicho en el año 53 en su
primera conferencia de Roma, (Función y campo de la palabra....),
donde introdujo los 3 registros. Lo cual no quita que al volver, lo repetido,
difiera. Es una de sus versiones de la repetición. Es el principio
del acto, es decir de una verdadera repetición. Agregar retroactivamente
sobre la primera ocurrencia, una diferente, modificándola.
En esta ocasión Lacan reseña 3 definiciones de lo Real. Ninguna
es descartada. Ninguna es mejor. Las 3 son buenas aunque incompletas.
La tercera, como dije, hace referencia al síntoma que viene de lo
Real.
En la primera Lacan dice que lo Real es lo que retorna siempre al mismo lugar.
Esto nos permite distinguir Real de realidad.
En su seminario sobre “La Psicosis” nos dice que el sujeto debe reencontrar
su objeto y no lo reencuentra jamás. Y en esto consiste el principio
de realidad. Lo que retorna no lo hace a la realidad, sino que vuelve adonde
el sujeto no percibe lo que sin embargo le concierne. Lo Real alterado por
el significante es inconsciente.
La segunda definición es la que intenta aprehenderlo mediante “lo
imposible” como modalidad lógica.
Allí aparece el “síntoma neurótico” como “la única
solución de lo imposible”.
El campo de la realidad, que es el campo del fantasma, es el campo donde
“todo es posible”, porque no sucede. Por eso la raíz Real del síntoma,
que se depura en análisis a partir de sus variadas máscaras,
el síntoma de lo Real, suele despertarnos sorpresivamente.
Por lo tanto el análisis no es un retorno a un estado anterior como
sueñan las psicoterapias y sus epígonos. Apunta a consumar
una verdadera repetición, en la certeza de que lo mismo, repetido,
difiere.
Pero no sólo eso. Lacan en su última versión sobre la
repetición nos dice que es una conmemoración. Y lo que se conmemora,
como podéis adivinar, es ese primer momento traumático de encuentro
con lo Real.