SÍNTOMA, SINTHOMA Y RELACIÓN SEXUAL
El síntoma para Freud
Mientras que para el psiquiatra el síntoma es un signo entre otros, de una enfermedad catalogable a partir de su mirada, y abordable “desde fuera” mediante la medicación o diversos tratamientos psicoterapéuticos, para Freud y el psicoanálisis, el síntoma, en el sentido analítico del término, es aquello que el propio paciente reconoce como expresión de su sufrimiento.
Por otra parte, el analista está directamente implicado “desde dentro” en la neurosis de transferencia que se instala en la cura, y de su resolución depende tanto la eficacia terapéutica como el fin de la misma.
Es la posición de Lacan, para quien el analista soporta –en tanto sujeto supuesto saber- el estatuto de síntoma (1). Él mismo entra en el juego significante, en la transferencia.
Freud captó que en las neurosis, el síntoma resulta ser una solución de compromiso de un conflicto entre una representación sexual inconsciente y por ende reprimida, y la defensa que el yo le opone, en función de los mandatos de la consciencia moral (o superyó).
En Fantasías histéricas y su relación con la bisexualidad (1908), dió el conocido ejemplo de una paciente que en plena crisis descubría sus vestidos con una mano, al mismo tiempo que con la otra se cubría nuevamente.
Dramatizaba así en el escenario de su cuerpo el conflicto subjetivo, mientras que obtenía una satisfacción sexual sustitutiva del orgasmo a través de las convulsiones.
Pero el sufrimiento que el síntoma comporta purga el goce obtenido, y por ello también satisface –en el mismo movimiento- el afán punitivo del superyó.
Esta escena presentifica el fantasma de seducción característico de la histeria, en su doble vertiente de seducción-frustración, articulando su deseo en tanto que insatisfecho.
La compulsión a repetirse del síntoma, en lo que Freud llamó reacción terapéutica negativa, -es decir, la resistencia a la curación por parte del analizante- indica a las claras que en función de las circunstancias, el sujeto “ama a su síntoma” como a sí mismo y prefiere mantener el goce sustitutivo que extrae del mismo.
De allí que los psicoanalistas no busquen “curarlo”, sino que orienten su praxis y la investigación de sus analizantes en la dirección del fantasma que estructura las formaciones sintomáticas, siendo este fantasma aquel que da forma a su deseo inconsciente.
Los aportes de Lacan
Lacan, en su retorno a Freud mostró que lo inconsciente está estructurado como un lenguaje, y que el síntoma es un efecto de la relación del sujeto con su palabra.
Para él, se presenta como una traza borrada y se produce en la corriente de una palabra relativa a la verdad del deseo del sujeto, que busca pasar, y que por ello insiste (2). A través de él, un deseo reprimido apunta a ser reconocido, pero no es accesible para nadie porque está cifrado (3).
Lo reprimido primordial (Ürverdrangt) es un significante, y lo que se edifica por encima para constituir el síntoma, es un andamio de significantes. Por ello, reprimido y retorno de lo reprimido en el síntoma son homogéneos y reductibles a funciones significantes. Su estructura, aunque se edifique en sucesión puede inscribirse sincrónicamente (4).
Tal como apunta Lacan -siguiendo a Freud que hablaba de sobredeterminación- para que haya síntoma es necesario que existan dos conflictos en causa, uno actual y otro antiguo. El antiguo opera como significante, mientras que el actual funciona como significado s(A), es decir como medio de expresión. Se trata de una articulación metafórica, y toda la historia del sujeto está implicada allí (5) y (6).
Como lo muestra la fobia al caballo de Hans, el síntoma es un significante que está en una encrucijada o nudo de significaciones, instalado en lo subjetivo, que no puede ser resuelto por ningún diálogo razonable o lógico (7) y (8).
La afonía de Dora, es un significante que representa a Dora, ante ese otro significante que es la Sra. K. Por otra parte, la tos, es un significante que advierte de su presencia ante la relación fálico-oral que ella presume entre su padre impotente y la Sra. K. (9).
Se puede pensar que la neurosis es una pregunta del tipo ¿soy hombre o mujer?, ¿estoy vivo o muerto? y que los síntomas son la expresión articulada de dicha pregunta (10).
De hecho, éstos están implicados en la constitución del sujeto, en tanto que ha de inscribirse en algún lugar en el campo del Otro, lo que comporta que la causa a, esté comprometida en dicho acontecimiento.
No obstante, Lacan aclara que, si bien la causa implicada en el síntoma es una pregunta, éste no es su efecto, sino su resultado. El efecto es el deseo articulado en el fantasma.
El síntoma en cambio, es del orden del goce. Tal como hemos visto, Freud mismo, lo relacionó con el orgasmo.
El sujeto tiende a la satisfacción de su deseo, articulado en el fantasma, pero goza inconscientemente de su insatisfacción en el síntoma (11).
Así pues, el síntoma es un punto nodal entre dos vertientes del sujeto: la del saber, la cadena significante -lo Simbólico-, y la de la verdad relativa al goce –lo Real- .
El sujeto sabe que éste le concierne, pero no sabe lo que es. Incluso no quiere saber nada sobre ello. Hay un Real no sabido que concierne al ser del sujeto, que tiene que ver con la verdad de su goce (12).
Lacan indica que fue Marx -antes que Freud- quien vino a decir que el síntoma es lo que no marcha en el campo de lo Real. Por ello, se puede decir que su sentido proviene de lo Real, que se cruza impidiendo que las cosas funcionen de modo satisfactorio …al menos para el Amo. Según su definición, es lo que no cesa de escribirse de lo Real (13) y (14).
Dado que el síntoma es el modo en que cada cual goza de lo inconsciente, en tanto que éste lo determina como sujeto, se puede decir que lo inconsciente responde del síntoma, y por ello puede ser responsable de su desaparición (15).
Como es un efecto de lo Simbólico en lo Real, podemos operar sobre él mediante el desciframiento. De hecho, la interpretación apunta a la verdad del goce del sujeto, es decir a aquello que coagula su ser. Lo que ocurra con el síntoma dependerá entonces, de lo que suceda con lo Real (16).
Mediante el desciframiento de lo que está cifrado en el síntoma, se opera una reducción de sentido que permite que éste retroceda…al menos hasta el punto de la imposible reducción de lo Ürverdrangt.
No obstante, Lacan alertó contra la interpretación metafórica del síntoma, puesto que ello no hace sino alimentar su vertiente de sentido, reforzándolo. De allí que haya planteado que la interpretación tenga que jugar sobre el equívoco articulándose entre enigma y cita (17).
Hasta aquí he abordado -de uno modo muy condensado y resumido- la articulación de algunas referencias que se pueden encontrar sobre el tema, en las diferentes fases de la obra de Lacan, salvo las que conciernen al último período sobre el sinthome.
El proyecto de Lacan
A partir de los años 60, Lacan comienza a ocuparse del tema intentando establecer la estructura del sujeto en tanto ser hablante, en términos lógicos y topológicos.
Vale la pena recordar lo que dice en su conferencia Joyce, El síntoma (1975):
“De donde mi expresión de parlêtre que se substituirá al ICS de Freud (inconsciente, que se lea eso)…”
Quería demostrar la no relación sexual a partir de una lógica modificada, al mismo tiempo que ubicaba al síntoma o al sinthome en el nudo borromeo como siendo las consistencias que permitirían dar soporte a la conjunción-disyuntiva de lo Real, lo Simbólico y lo Imaginario.
Este esfuerzo conceptual no es casual sino la consecuencia del proyecto que se enuncia a mi modo de ver, de manera clara al menos en dos momentos.
En primer término en La ciencia y la verdad (1965), cuando dice: “...si por otra parte se reconoce que el psicoanálisis es esencialmente lo que reintroduce en la consideración científica el Nombre-del-Padre…”, y posteriormente en su Carta a los italianos (1973) donde leemos:
“El saber en juego (el del psicoanálisis)…es que no hay relación sexual, relación…que se pueda poner por escrito.
…
Sin intentar esa relación de la escritura, no hay medio de llegar a lo que, al mismo tiempo que planteaba su inex-sistencia, había propuesto como una meta por donde el psicoanálisis se igualaría con la ciencia: es decir, demostrar que esa relación es imposible de escribir, por el hecho de que no es afirmable, pero tampoco refutable: a título de la verdad.
Con la consecuencia de que no hay verdad que pueda ser toda-dicha, incluso ésta, porque ésta no se la ha dicho ni poco ni suficiente.”
Joël Dor (18) comenta que Lacan aproxima la cuestión, diciendo en La lógica del fantasma (1967) que nuestra experiencia del discurso inconsciente nos indica que no hay acto sexual, que algo no marcha respecto del Uno de la pretendida unión sexual entre el macho y la hembra.
En El acto psicoanalítico (1968) agrega que la fórmula freudiana lo inconsciente no conoce la contradicción es idéntica a plantear que no hay acto sexual. La fórmula más conocida, no hay relación sexual aparecerá en el Revés del psicoanálisis (1970).
Tal como dice Dor, Lacan ha señalado anteriormente que hay una conjunción e incluso una identidad entre el deseo y la ley, y se pregunta entonces si es posible escribir una ley –en términos lógico-matemáticos- coherente con el registro del deseo.
Esta ley lógica, implica la aplicación de una función f (x) a la relación entre los sexos, que en el caso de lo Inconsciente, no puede ser otra que la función fálica.
De hecho, ya había hecho una operación semejante, en el seminario de La Transferencia (1960-61), cuando al aplicar f (φ) sobre A, obtenía a: si se aplica la castración al gran Otro, el resultado es un pequeño otro a, degradado.
Más adelante, en R.S.I. (1974-75) dirá: “Digo la función f(x) del síntoma. x es eso que del inconsciente puede traducirse por una letra”.
Las fórmulas de la sexuación, y las categorías modales que ellas prescriben.
A partir de Encore (1972-73) y El saber del psicoanalista (1971-72).
(1) NECESARIO
(3) IMPOSIBLE (Real)
Lo que no cesa de escribirse
Lo que no
cesa de no escribirse
existencia
Existe un x para el que
No
existe ningún x para el que
no
se cumple la función fálica *
no se cumpla la función fálica
contradicción indecidible
Para todo x se cumple la
Para
no-todo x se cumple la
función fálica
función fálica
objeto a**
Lo que cesa de escribirse
Lo que
cesa de no escribirse
(2) POSIBLE
(4) CONTINGENTE
* función fálica = castración
** falta, falla, deseo, objeto a.
Es (1) Necesario (lo que no cesa de escribirse) que haya al menos uno que no satisfaga la función fálica para que se pueda fundar lo (2) Posible (lo que cesa de escribirse), dado que lo universal no es sino lo posible (todos los hombres posibles cumplen con esa condición). Así, el padre de la excepción, funda el conjunto de todos los hombres que están sometidos a la función fálica de la castración. Ese universal se puede escribir lógicamente, merced a la existencia de la excepción.
En El Saber del psicoanalista, Lacan agrega que la excepción es el conjunto vacío que hace borde para el conjunto de los hombres, conjunto que él identifica con el sujeto, $.
En (3) tenemos lo Imposible (lo que no cesa de no escribirse) que implica que no existe ninguno que haga excepción a la función fálica. Es el lugar de lo Real.
En cuanto (4), la Contingencia es lo que cesa de no escribirse, porque no hay otra cosa que encuentro, en el partenaire, de todo aquello que marca para cada cual la traza de su exilio de la relación sexual, como ser hablante. La experiencia analítica muestra según Lacan, que el falo, en tanto que causa del deseo, cesa de no escribirse.
Lo imposible surge de la conjugación de lo necesario y lo contingente.
Se trata de cuatro proposiciones, que de hecho se podrían reducir a dos, es decir a aquellas que estructuran la relación entre el sujeto y el objeto del deseo.
La consecuencia a deducir, es que no hay un universal de la feminidad, y por ende que no se puede escribir lógicamente una relación entre El hombre y La mujer. La feminidad es algo a inventar, para cada ser hablante y por ello es contingente.
No obstante, a pesar de que la relación sexual sea de una escritura lógica imposible, nada impide que pueda ser dicha, imaginada o puesta en acto.
La función del síntoma
Tal como hemos visto, Lacan se planteó la escritura del síntoma en términos de función f (x), y específicamente, de la función fálica.
Aunque es un resultado de la acción de lo Simbólico sobre lo Real, es también un acontecimiento del cuerpo, es decir de lo Imaginario. Freud, ya indicaba que el síntoma afecta a las funciones del Yo.
Pero Lacan va más allá y llega a decir que un individuo puede ser un síntoma para un cuerpo, tal como en el caso de la angustia, que puede aparecer en el cuerpo del otro antes que en el del propio sujeto. Plantea por ejemplo, que una mujer puede ser el síntoma para un hombre. Y que si no lo es, permanece como síntoma histérico.
En tanto que síntoma para un hombre, ella participa del goce fálico, pero no obstante, lo hace en tanto que no hay relación sexual.
Ahora bien, a partir de este momento, la cuestión se complica bastante puesto que articula el síntoma con la función paterna en el nudo borromeo. (R.S.I., 1974 – 75 y El sinthoma, 1975 -76).
En el primero de esos seminarios, dice que la función F (Φ) del padre, su función de síntoma, es su père-version, es decir su carácter de padre deseante, capaz de tomar a una mujer como objeto a, causa de su deseo. Es la función que hace operatoria la castración en el Edipo.
En el seminario del año siguiente dirá que es necesario suponer tetrádico el lazo borromeo, y que el cuarto es el sinthoma. Agrega allí, que père-version no quiere decir otra cosa que versión hacia el padre, y que en suma el padre no es más que un sinthome o un síntoma.
Como se puede apreciar, en ese momento no distingue entre una u otra de las dos denominaciones.
Para hacerlo aún más entretenido, afirma también que el complejo de Edipo es un síntoma, que todo se sostiene en tanto que el nombre del padre es también el padre del nombre…”lo que no hace menos necesario al síntoma”.
De esta frase, conviene subrayar que utiliza el término de necesario, que es la categoría modal que corresponde al padre de la excepción, en los matemas de la sexuación. Se puede entender que está aludiendo al padre de la père-version en tanto que síntoma, necesario para que la articulación de los tres registros se sostenga.
El sinthome en cambio, viene al lugar en el que el nudo falla. Se puede deducir entonces, que se refiere a cuando falla la función deseante del padre. Cabe recordar que al principio de su obra, había señalado que el síntoma aparece cuando desfallece la metáfora paterna.
Ahora bien, en este punto es conveniente distinguir entre síntoma y sinthome.
Mientras que el primero es el resultado de la no aceptación de la castración simbólica introducida por el padre, y por ello no cesa de escribirse (es necesario), el segundo es del orden de una creación contingente por parte del sujeto, como en el caso de Joyce, que con su arte, vació de sentido aquello que se le imponía como síntoma (19).
Así, se puede pensar que una mujer pueda ser un síntoma para un hombre en tanto le hace sufrir -p.ej. si viene al lugar del padre, para un hombre- pero también que sea una creación, es decir un sinthome, en tanto que elaboración contingente del no-todo de la femineidad: lo que cesa de no escribirse.
Hacia el final de este seminario, además de recordar que ha dicho que una mujer puede ser un sinthome para todo hombre, agrega que un psicoanalista no se puede concebir más que como un sinthome, como una ayuda, en tanto que agujero, es decir, en tanto que inversión del Otro del Otro.
Esto me lleva al punto final de mi trabajo.
Sinthoma y relación sexual
En un momento del seminario sobre El sinthoma, Lacan dice lo siguiente:
“ Es en la medida en que hay sinthoma que no hay equivalencia sexual, es decir, que hay relación. Porque es seguro que si decimos que la no-relación proviene de la equivalencia, es en la medida en que no hay equivalencia que se estructura la relación. Hay entonces, a la vez , relación sexual y no relación. Al punto que allí donde hay relación, es en la medida en que hay sinthoma. Es decir donde, como he dicho, es del sinthoma que está soportado (sostenido) el otro sexo.
…
Si una mujer es un sinthoma para todo-hombre, está claro que es necesario encontrar otro nombre para lo que es el hombre para una mujer, porque justamente el sinthoma se caracteriza por la no-equivalencia.
…el hombre es para una mujer todo lo que les plazca, una aflicción, peor que un sinthoma, hasta un estrago.”
Así pues, Lacan después de haber enunciado durante mucho tiempo que no hay relación sexual, viene a decir que hay, a la vez, relación y no relación sexual, puesto que:
si hay sinthoma, no hay equivalencia sexual, por ende hay relación sexual,
y
si no hay sinthoma, hay equivalencia sexual, por lo que no hay relación sexual.
Esto plantea al menos dos cuestiones.
En primer lugar, se puede entender que el sinthoma, en tanto que agujero, introduzca la no equivalencia entre los sexos, es decir, la diferencia sexual, y que ello haga posible la relación sexual. De esta forma, permitiría, aunque fuera de manera contingente y puntual, hacer algo con lo real imposible.
De ello se deduce que cuando no hay sinthoma, no se puede sostener la diferencia entre los sexos, y ello confronta con lo imposible de la no relación sexual.
La segunda cuestión se refiere al a la vez, que plantea una paradoja.
Tal como indica Guy Le Gauffey (19), sostener dos cosas opuestas a la vez, no implica que sea al mismo tiempo. Lacan ha afirmado y negado la misma proposición en otras ocasiones. Por ejemplo, primero estableció la existencia del gran Otro, y luego lo barró. De hecho, como este autor recuerda, hablar, pensar, escribir, etc. son formas de intentar establecer relación, y que por ende haya un movimiento indefinido en esa dirección. Pero eso no impide que pueda darse una ausencia de relación.
Encontramos esto en la escritura del fantasma $ ◊ a, donde el losange articula a la vez, la unión (alienación) y la desunión (separación) entre el sujeto del inconsciente y el objeto a. Es la paradoja propia del deseo que el fantasma articula, y de la que tenemos ejemplos claros en el deseo insatisfecho de la histeria, el deseo imposible de la neurosis obsesiva, o el deseo prevenido de la fobia.
No obstante esta oscilación –aunque de otra manera- es algo que se puede encontrar también en las otras estructuras y tipos clínicos. Podemos recordar al respecto que Schreber pasaba de estar invadido por el goce divino –a través de sus nervios- a ser abandonado por el Otro, y que el trabajo de escritura de su delirio en sus memorias, bajo la escucha respetuosa y atenta del Dr. Weber, le permitió pacificarse.
Marcelo Edwards
23-09-2007
Bibliografía:
Los textos ya mencionados en el escrito, no se incluyen en este listado.
Seminario XII. Problemas cruciales para el psicoanálisis (1964-65)
Seminario I, Los escritos técnicos de Freud (1953-54) y Seminario II, El yo en
la teoría de Freud y en la técnica del psicoanálisis (1954-55)
Seminario III, Las psicosis (1955-56) y Seminario V, Las formaciones del
inconsciente (1957-58)
Seminario XI, Los cuatro conceptos fundamentales del psiconálisis (1963-64)
Seminario III, Las psicosis (1955-56)
Seminario V, Las formaciones del inconsciente (1957-58)
Seminario V, Las formaciones del inconsciente (1957-58)
Seminario XII, Los problemas cruciales del psicoanálisis (1964-65)
(9) Seminario XII, Los problemas cruciales del psicoanálisis (1964-65)
(10) Seminario XII, La relación de objeto (1956-57)
(11) Seminario IV, La angustia (1962-63)
(12) Seminario XIII, El objeto del psicoanálisis (1965-66)
(13) La Tercera (1974)
(14) Seminario XXII, R.S.I. (1974-75)
(15) Seminario XXII, R.S.I. (1974-75)
(16) Seminario XXII, R.S.I. (1974-75)
(17) La Tercera (1974)
(18) Introduction à la lecture de Lacan, Joël Dor (2002)
(19) Du symptôme à son épure: le sinthome, Jean-Guy Godin (1987)
(20) Le pastout de Lacan, Guy Le Gauffey (2006)