Observaciones a propósito del “goce otro” (1)
Texto de Moustapha Safouan para el Congreso de la FEP, París, 2007 (traducción Graziella Baravalle)
La prohibición del incesto abre un vacío central (en el sentido de privación) donde se origina, en su versión “sublimada” el fantasma de un bien más allá de todos los bienes o de un “Bien Soberano” cuyo correlato es lo que Lacan llama la Cosa.
1.2
La Cosa es pues la madre transfigurada en un objeto fundamentalmente perdido a
causa de la prohibición.
1.2.3
En torno de este objeto que escapa a la representación gravita todo el movimiento de las representaciones en búsqueda de un goce inalcanzable.
1.2.3.4
En cuanto esta verdad relativa al carácter inalcanzable del goce, es decir, al carácter fundamental de la pérdida, amenace con derrumbarse y se corra el riesgo de que “la falta llegue a faltar”, surge el horror o la angustia.
2
La prohibición es una simbolización o una afirmación primera, que excluye de la realidad o del orden de los bienes fundado por el principio de placer, un real en el que se funda la subjetividad asumida del “parlêtre”(2): el del goce que sin embargo hace posible la vida y aparece mermado en el orden de los bienes.
2.1
En tanto mediatizado por la prohición, el deseo es la ley misma, en el sentido de ser su efecto primero, el primer modo en que atestigua su eficacia; pero en tanto que búsqueda del goce excluido por esa misma prohición, es su reverso.
2.1.2
No se escapa de los dos extremos de este dilema realizando el goce excluido a priori; la única puerta de salida es “realizar” plenamente su pérdida, en el doble sentido del término “realizar” (3).
2.1.2.3
La sublimación obtiene su poder de satisfacción del hecho de que allí hacemos la experiencia, no tanto del goce, como de su imposibilidad misma.
2.1.2.3.4
La verdad culmina en un saber en que se afirma el carácter insuperable de la falta.(4)
3
Hay “superación del complejo de Edipo” en la medida en que esta verdad es realizada .
3.1
En esta medida incluso es posible un pasaje al goce real sin los contra-golpes de síntomas más o menos graves; los efectos de la verdad se acantonan en los dominios de la sublimación, del arte, del humor o incluso en la patología de la vida cotidiana.
3.1.2
El goce es por definición “corpofílico”, sexual. ¿Es fálico?
4
Se sabe la importancia que los lógicos adjudican a la distinción entre el uso y la mención de un nombre, por ejemplo, entre “París es la capital de Francia” y “ “París” se compone de cinco letras” , donde el sujeto de la proposición no es el nombre de la capital sino el nombre, escrito entre comillas, de ese nombre. Esta importancia no ha dejado de aumentar a partir de la definición de Tarsky, definición según la cual “la nieve es blanca”es verdadero si la nieve es blanca es verdadero, donde la proposición entre comillas es el nombre de la proposición como articulación de un hecho. Definición sin sustancia, pero que basta para las necesidades de la lógica, que es una ciencia formal.
4.1
Basándonos en esta distinción, diferenciaremos entre el nombre del padre y el nombre de ese nombre, que es “pater” en latín, “père” en francés, “father” en inglés,(“padre” en español), etc...
4.1.2
La prohibición del incesto es inseparable de la existencia del nombre del padre, o, lo que es lo mismo, del lugar que el nombre de ese nombre ocupa en las nomenclaturas del parentesco.
4.1.2.3
El peso que el nombre del padre tiene en el discurso de la madre depende del peso que esta misma dé al nombre del nombre.
4.1.2.3.4
Ahora bien, ese peso es el motor de la sustitución donde reside la metáfora paterna, generadora de la significación fálica donde se hace la conjunción entre el deseo de la madre y el deseo, y por tanto el ser, del hijo.
4.1.2.3.4.5
De la identificación en que se aliena aquí el ser del sujeto, se puede repetir lo que se ha dicho del deseo; ella representa la ley y su reverso – lo que Lacan afirma en su aforismo “el falo es otro nombre del padre”.
4.1.2.3.4.5.6
Es en el falo, en tanto significante idéntico a su significación, donde ser y des-ser se conjugan, y así la sexualidad se despierta precozmente, animando tanto el cuerpo como el espíritu.
4.1.2.3.4.5.6.7
Complejo de Edipo y complejo de castración son lo mismo.
4.1.2.3.4.5.6.7.8
La sexualidad, y por tanto el goce, es fálico. ¿Existe un goce que no sea fálico?
5
Las fórmulas de la sexuación tienen el mérito de centrar el complejo de castración , no en torno de lo que la diferencia sexual comporta de real, sino en torno de la “sexuación” en el sentido de la dirección que toma el deseo en cuanto a la elección de objeto. No es que lo real no exista, sino que es reorganizado por el lenguaje que determina su misma objetivación, le impone sus definiciones y sus clasificaciones salvajes y lo ordena según sus categorías y sus relaciones, de modo que no tenemos ya ningún medio de concebir ese real, al menos de una manera que lo integre en el discurso común, sino como lo que, por el hecho de esta toma en el lenguaje, se encuentra excluido. Subrayemos, más particularmente, que no es el niño sino la sociedad lo que hace de la presencia y la ausencia del falo el signo de la diferencia sexual en el momento de constatarla, en el nacimiento. Lo que justifica la observación de Lacan de que “lo inconsciente es lo social” así como la afirmación de Freud en los “Tres ensayos” según la cual lo que es mortificanate no es la sexualidad infantil sino el infantilismo de la sexualidad.
5.1
Y aún, lo que es decisivo en las fórmulas de Lacan es la interpretación que da del cuantificador “no todo”, del cual no se puede deducir, según él, que haya al menos uno que lo contradiga.
5.1.2
Para arrojar más claridad a la discusión a que esta opinión nos invita, precisemos que la lógica formal no tiene nada que decir en cuanto a la existencia real; la existencia no está interesada en la lógica sino a título de significación que se resume en lo verdadero y lo falso. Es así que se puede decir que la proposición universal sería siempre verdadera si nada existiera; puesto que no habría nada que la contradiga. Del mismo modo, lejos de reflejar la existencia, la proposición particular no hace más que significarla: “algunos cisnes son negros” significa la existencia de al menos un cisne que satisfaga esta descripción, sin asegurarla.
5.1.2.3
Volviendo a las fórmulas de la sexuación, se sabe que la interpretación que hace Lacan del “no todo” concuerda con la opinión de la escuela intuicionista. Pero, a pesar de la moda que suscitó en su época, la enseñanza de Brower no cambió finalmente nada en cuanto a la posición de la gran mayoría de los lógicos, que, con excepción de la precisión que acabo de subrayar en cuanto al alcance de la proposición particular – lo que no es poco – han continuado siguiendo la interpretación de Aristóteles. De modo que si se quiere apelar a la lógica tal como existe en la totalidad de los lógicos deberemos concluir que el al menos uno que se sustrae a la función de la castración sin duda existe. Pero entonces, puesto que sólo apelamos a la lógica para poner orden en nuestra disciplina, tendremos que responder a la cuestión de saber de dónde viene ese al menos uno.
5.1.2.3.4
Está claro que no se podría identificar este al menos uno con un miembro determinado de un grupo o colectividad cualquiera, ni siquiera con el jefe de dicha colectividad, incluso si se sabe que ese jefe, o “méchef”(5) como dice Lacan, actúa como sustituto paterno. La cuestión es justamente: ¿ cuál es este padre del cual todos los otros son sólo sustitutos?
6.
Se dan todas las posibilidades de que sea el mismo que ese otro sin igual que Freud evoca en su célebre carta del 6 de diciembre de 1896 (6): “Los accesos de vértigo y de llanto están todos dirigidos a ese otro, pero sobre todo a ese otro prehistórico e inolvidable, que nunca pudo llegar a ser igualado.”
6.1
Mi tesis es que este otro que nadie llega nunca a igualar es la figura en que se perpetúa el padre de la primera identificacion. La descripción que da Freud de esta identificación y de la posición del niño en ese momento de su vida, que es sin duda aquél en que se produce la metáfora paterna y, al mismo tiempo se marcan las primeras líneas del Edipo, no deja duda de que el padre que constituye el objeto de esta identificación se distingue de todos los otros, por ser causa de sí. Y es en esta identificación que podría llamarse “incurable” donde tiene sus raíces lo divino.
6.1.2
Santa Teresa de Ávila es de hecho el ejemplo más elocuente de un alma que de entrada ha elegido el Soberano Bien como su lugar de residencia. De su goce, captado por Bernini, puede decirse que es el goce más puramente fálico, pero también es a-fálico: puesto que comporta la renuncia a toda recuperación del falo como órgano.
7
Para dar a este ejemplo todo su alcance, recordemos las fórmulas que Lacan presentó en un período que se remonta al inicio de su enseñanza, para traducir el atravesamiento de la castración en el niño y en la niña. En el primero, este atravesamiento se resume en “que no es sin tenerlo”; en cuanto a la niña, “es sin tenerlo”. El acento puesto en esta última formula sobre el ser puede asombrarnos, puesto que evoca una recaída en la identificación con el falo, o aún con “el ser que no puede imaginarse más grande”. Pero así como se distingue entre un narcisismo primario y un narcisismo secundario, igualmente puede decirse que la asunción por la niña de su privación, no se da sin un feed-back de su narcisismo fundado sobre su apercepción de lo que ella representa como objeto de deseo, sin por tanto implicar una regresión masiva en el plano de las identificaciones. De ese modo, el otro prehistórico puede jugar de un modo subterráneo como fuente de un goce que se puede calificar, con Lacan, de suplementario, en el sentido de que se añade al goce que aporta la recuperación del falo en el transcurso del coito.
8.
Un hombre que se ve como objeto del goce de Dios es un psicótico; una histérica que conserva sus identificaciones masculinas y rivalizantes, encuentra a Dios en sus crisis y las imputa al otro sin igual. Una mujer bastante libre de esas identificaciones no es sin encontrar en el acto sexual otro goce que viene de algún modo de la noche de los tiempos.
9
Volvamos al comienzo de estas observaciones y llamemos simbolización a la integración de lo real en el lenguaje. Hay una simbolización fálica de los sexos de la cual la mujer está excluida. Bajo este ángulo no se puede decir nada de su goce sino que puesto que la castración está menos pegada a su cuerpo que al cuerpo del hombre, el goce de la mujer es seguramente más tranquilo.
Notas de la traductora
(1)Obsérvese que M. Safouan escribe “jouissance autre” con a minúscula. En español debería traducirse “otro goce”, o bien “goce diferente”. Pero el galicismo “goce otro” esta muy asentado, y muchas veces es confundido con el goce del Otro
(2) Neologismo de Lacan para referirse al ser hablante. La versión “hablanteser” carece de eufonía.
(3) El verbo “réaliser” del francés tiene el doble sentido de hacer real y de darse cuenta, que en castellano no existe.
(4) Utilizamos “falta” para traducir “manque” , en el sentido de carencia, de lo que falta.
(5) méchef: juego de palabrs de Lacan, intraducible, entre chef y méchef, que podría traducirse como “maljefe”.
(6) Carta de S. Freud a Fliess del 6 de diciembre de 1896. En “Origen del psicoanálisis”, OC. Tomo IX, Biblioteca Nueva, Madrid, traducción de López Ballesteros.